Terra Incognita

Una blog de creación literaria, sesgada hacia la Fantasía © Ignacio Egea Rodríguez 2.004


La caja muerta.


Cuando el caminante canta en la oscuridad desmiente su estado de angustia, mas no por ello ve más claro.

Sigmund Freud.

La Caja de Muertos (Deadbox) es un juego infantil que se juega con chapas de botella sobre un itinerario rectangular dibujado con tiza. En el centro de este rectángulo se traza otro más pequeño en el que se dibuja una calavera con dos huesos cruzados.Si una chapa cae en el recuadro central -la caja de muertos- su dueño queda eliminado o tiene que volver a empezar, según las reglas preestablecidas, lo que da a este juego cierta semejanza con el Juego de la Oca.

(Adaptado de gameskidplay.net)








-¡Cuidado, son los PATOs!

-¡Policía Anti Terrorista Orbital! ¡Soy el comandante Hjälte! ¡Que
nadie se mueva! ¡Tirad las armas!

-Tranquilo, ya está, ya está. Que somos unos mandados, hombre.

-Mandados del hombre más peligroso del Universo. ¿Dónde está el
Doctor Blådåre?

-Ni idea. Me dijo que si venías por aquí te diera esta caja.

-¡Quieto! ¡Como intentes abrirla te frío!

-Se activa con tu voz, según me dijo, así que en cualquier momento
hará lo que tenga que hacer...









-"Saludos, Comandante Hjälte. Dispuse que esta caja se activara ante
tu voz porque sabía que no podrías estar ausente en tu momento de
triunfo. Has ganado, lo reconozco. Has frustrado todos mis planes, has
batido y descubierto todos mis escondrijos. Celebra tu triunfo, pero
lamento comunicarte que no podrás llevarme encadenado a tu carro,
porque cuando estés oyendo esta grabación, habré dejado de existir.
"Pero si he eludido el papel de trofeo en tu carroza triunfal, me
he reservado a cambio otro no menos importante: el del que te repetirá
continuamente desde tus espaldas que recuerdes que eres un mortal, y
que de eso no te libran ni tus poderes mentales, ni tus rayos
energosomáticos, ni tu casi completa invulnerabilidad a toda arma conocida. Mi
cerebro conservado y parcialmente operativo muere poco a poco dentro de
esta caja, Hjälte, y sus últimos destellos de pensamiento organizado
se dedican, en exclusiva, al problema de la otra vida.
"Voy a analizar las experiencias cercanas a la muerte que vive todo
cerebro en este trance. Gracias a mi insuperada capacidad intelectual y
a ciertas ayudas cibernéticas que he desarrollado e instalado en esta
caja, estoy más que razonablemente seguro de que podré llegar a
conclusiones definitivas sobre la existencia de una vida después de la
muerte por medio de un análisis presencial de esas experiencias.
"El problema científico más apasionante nunca resuelto, y cuyos
resultados guardaré para mí. Eso sí, dependiendo de la conclusión a
la que llegue la última chispa de mi conciencia agonizante, se
activará un relé interno de esta caja en un sentido u otro, y, según
cómo se active, esta caja implosionará inofensivamente en una
ausencia cuántica, o explosionará su munición de materia-antimateria
con una potencia de diez gigatoneladas, con lo que no quedará ni el
plasma de esta caja, de la estación orbital en la que nos encontramos,
ni de ti mismo pese a tu proverbial invulnerabilidad. Otro sensor
vigila si activas la supervelocidad y detonará para impedir tu fuga,
por lo que te ruego que no frustres mi experimiento supremo, cuyo
resultado tal vez arroje mejores consecuencias para ti que una muerte
segura.
"Adiós, superhombre. Perdóname todo el daño que te hice, como
yo casi te perdono a ti. No soy exactamente un hombre rencoroso, y no
te deseo ningún mal. Pero toda la vida que te queda, que puede ser de
décadas o de unos pocos segundos, vivirás bajo el peso de mi último
triunfo: tú, que te liberaste de ser mi conejillo de indias apenas te
hube creado, vuelves a ser un sujeto de mis experimentos. Yo estoy
dentro de una caja, y tú estás fuera. Pero mientras yo conozco mi
estado actual con toda certeza, el que no sabe si está vivo o está
muerto eres tú.
"Me reitero en que no sabrás, si sobrevives a este experimento,
cuál de las dos posibilidades en cuanto a la vida después de la
muerte activa la bomba o te salva la vida. Es un problema que resuelvo
sólo para mí, y ya te llegará el turno de conocerlo. Pero si ese
turno tarda mucho en llegar, oh, superhombre Hjälte, poderoso e
invencible, nunca, en todos tus años, olvides el miedo que estás
pasando ahora, ni dejes de oir la voz de esta caja, la voz de un hombre
muerto que te recuerda que tú también eres mortal.

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El lenguaje perdido.

Se erguía como una montaña de carne a las puertas de la disco de verano. Me preguntaba qué sería esta vez, si mis zapatos, mi camiseta, o un careto de los que nunca se verán en una tarjeta de crédito VIP de ésas que incluyen foto. La respuesta fue la de siempre. Me puso una manaza en el hombro y me lo dijo:

-No puedes pasar.

En sus nudillos vi tatuadas runas. Otras más por los brazos y los hombros. Runas de Daeron, como las que se usaban en la antigua Moria, como las de las inscripciones del prefacio de "El Hobbit", que aún recordaba de otros veranos más silenciosos. Tardé unos segundos en descifrar las runas: "KMKM"; en aquella mano ponía "Pepe".

Me entretuve en leer más tiempo de la cuenta. Aquella mano se aferró a mi
hombro con más fuerza. Se repitió la sentencia:

-No puedes pasar.

Y yo respondí:

-No puedes pasar. Soy servidor del Fuego Secreto, que es dueño de la Llama de Anor.

Y él dijo:

-El fuego oscuro no te servirá de nada, llama de Udùn.

Y yo:

-¡Vuelve a la sombra!

Y él, por fin:

-No puedes pasar.

Y pasé. Para despedirme, dije "Mellon", otra contraseña, mientras me adentraba en las profundidades, por fin franqueado el puente de Khazad Dum, dejado atrás el guardíán de la Puerta.

Estos hechos ocurrieron hace mucho tiempo, en otra edad del mundo, cuando yo todavía iba a discotecas, antes de el mundo cambiara y una ola furiosa que vino de Hollywood más allá del mar arrasara las tierras, y condenara a los amigos de los elfos a vivir escondidos, a perderse entre una multitud de gente que sólo se les parecía.

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El Confín




Desde la atalaya al borde del abismo veo caer cascadas de agua al
infinito; con ella caen algas flotantes y restos de naufragios, y
bancos completos de diminutos peces plateados arrastrados por la
corriente imparable. Tan inmensas son las proporciones del marco
apocalíptico, de esta barahúnda interminable de un océano que se
vacía, de un mundo que se extingue, que tardo un rato en darme cuenta
de que los diminutos peces plateados que veo caer son manadas completas
de delfines, tal vez los mismos delfines que han sido mis compañeros y
heraldos en el viaje en el que he empleado toda mi vida, desde las
tranquilas aguas del mar interior, desde el cual el Confín del Mundo
sólo parecía un mito del que muchos discrepaban.

No es sólo el agua lo que ha perdido la virtud que le evitaba
desplomarse al abismo. Desde mi punto de observación veo desgajarse
poco a poco las rocas de esta peña. Dice el Viejo de la Montaña que
es también un fenómeno reciente, y que sin él y las nuevas
corrientes que se han generado, tal vez no hubiera podido llegar con mi
barco hasta este Confín, el primer hombre en tanto tiempo que ni
siquiera un inmortal como el Viejo recuerda la última vez con certeza.

En todo caso, sin duda no habra un nuevo peregrino. La cascada se ha
desatado de repente, y los mares y las tierras se van perdiendo por el
abismo. Según el Viejo recuerda, estaba predicho que ocurriría, pero
si esto señala el Fin del Mundo o sólo un gran cambio, en el que
el Universo adopte una nueva forma y nuevos dioses sucedan a los
antiguos, él no lo sabe.

Una nueva pregunta sin respuesta para mí, que llegué aquí buscando
ese ser inmortal de la leyenda que lo sabía todo, y gracias al cual un
hombre mortal podía conocer las respuestas a todas sus preguntas sin
morir. La leyenda se equivocaba; el Viejo existe, pero si alguna vez lo
supo todo, ha estado solo demasiado tiempo como para recordarlo. Me ha
recibido bien, pero no puede responderme, y sigo sin saber dónde van
los mortales cuando mueren, si los dioses crearon el Universo, con que
propósito los hombres existimos, o ni siquiera si es cierto que en el
centro de todo el disco de la Tierra, en el norte absoluto, existe una
isla gigantesca de Piedra Imán, y por eso las agujas señalan en esa
dirección.

Y pronto ni siquiera podrá hacerme compañía: se niega a salir de su
morada en el borde de la Montaña que da al abismo, que calculamos que
se desmoronará en breve. Ése es el orden de las cosas, y su destino,
dice, y hasta un inmortal debe morir. ¿Dónde irá entonces? Dice que
no lo sabe.

Yo no me quedaré aquí, y no es miedo. Remontaré, si puedo, la
corriente, y desharé el camino de todos estos años. Pero no me
demoraré cuando llegue a las Columnas del Mar Interior, ni perturbaré
a mis compatriotas con avisos de un final inevitable. Si tengo suerte y
sobrevivo otra vez a todos los peligros, seré el primer mortal que
arribe a las costas de la Isla Imán en el Norte Absoluto, y desde
allí presenciaré el último acto del final del Mundo, cuando hasta
allí llegue la última ruina, que ya ha comenzado por los bordes.

Dirán que es inútil tanto luchar por demorar una muerte cierta; pero
no lo hago por eso. Llegué hasta donde nadie antes buscando
respuestas. Tal vez si permanezco hasta el final me sea dado ver un
atisbo de lo que vendrá después, de si tras esto hay una Nada
absoluta o recomenzará un nuevo Mundo, más perfecto. Esa es otra
pregunta que me inquieta, y por responderla emplearé los años que me
quedan. Porque los místicos dicen que la Vida es una pregunta, y la
Muerte la respuesta. Pero hay un Fin más absoluto que la muerte, una
nada que aborrezco hasta la náusea y que no puedo concebir.

Una Nada que sería la desaparición de todas las preguntas.

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El Universo Fantasma.

Hay otros mundos pero están en éste.

Paul Eluard.

En el día de hoy, una de las iglesias de Tlön sostiene platónicamente que tal dolor, que tal matiz verdoso del amarillo, que tal temperatura, que tal sonido, son la única realidad. Todos los hombres, en el vertiginoso instante del coito, son el mismo hombre. Todos los hombres que repiten una línea de Shakespeare, son William Shakespeare.

Jorge Luis Borges.







Uno nunca prevé las consecuencias que puede acarrear un descubrimiento teórico. Todo comenzó como una colaboración con mi amigo Elisha, ingeniero e inventor. Se le ocurrió que unas ideas mías sobre la naturaleza del espacio podrían tener aplicación sobre las comunicaciones. Yo le dejé hacer, y le presté ayuda siempre que me lo pidió, pero con algo de distancia. Al fin y al cabo, llevaba dándole vueltas a aquella teoría muchos años, y no había logrado hasta entonces resultados coherentes. Pero con lo que tenía en mente había suficiente para empezar, o al menos a Elisha le bastaba.

Es gracioso que la iluminación me llegara la misma mañana en la que Elisha me llamó exultante. El experimento había funcionado, y se iba a pasar por mi casa de camino a la oficina de patentes para enseñarme el prototipo. Un dispositivo sencillísimo que cambiaría el mundo como nada antes de la máquina de vapor, o tal vez la imprenta, y que sin duda, decía él, nos reportaría una fortuna mucho mayor a nosotros que a los inventores de aquellos ingenios.

-Mira, aquí está el emisor y aquí el receptor. Como es lógico, no se puede medir la diferencia entre ellos y un sistema de ondas de radio ordinario sin instrumentos muy delicados, pero te aseguro que lo he verificado en el laboratorio hasta la extenuación, lo mejor que se puede comprobar sin gastarte una pequeña fortuna en colocar uno de ellos en el espacio profundo. Hasta facturé uno de ellos en avión a las antípodas, y no hay duda: hasta el límite de error que pueden abarcar los instrumentos, el lapso de tiempo entre que el mensaje se emite y éste llega al receptor es exactamente cero. Cero, coma cero, cero, cero, todos los ceros que quieras. Y nuestras cuentas bancarias tendrán casi tantos ceros como esos, porque te voy a adjudicar un porcentaje del negocio. Hay suficiente para los dos.

-Eres muy amable, Elisha. Gracias, de verdad. Es emocionante. Comunicaciones más rápidas que la luz. Una revolución en la Física, desde luego. Por cierto, que luego te cuento las conclusiones teóricas definitivas a las que he llegado: abren la puerta a campos teóricos inimaginables, a dar trabajo a la comunidad científica en pleno durante el próximo siglo. Y desde luego, nos vamos a hacer famosos mundialmente: yo, como el creador de la teoría, y tú como su primer comprobador experimental. Porque eso han hecho estos aparatos, comprobar plenamente la teoría. Pero no veo muy claro que nos vayamos a hacer ricos, Elisha, no te hagas ilusiones. ¿Para qué pueden servir las comunicaciones más rápidas que la luz, al menos a medio plazo? Cuando haya un tipo en Marte, sin duda le será muy cómodo no tener que esperar veinte minutos para poder hablar con la Tierra, y ya está.

-Exacto, tú lo has dicho. Comunicaciones con el espacio en tiempo real. Podremos reconocer todo el sistema solar con instrumentos que no necesitarán ser mucho más complicados ni mucho más inteligentes que un avión de radiocontrol. Ni más caros de fabricar, ni más pesados. Lanzar miles de millones de micro-robots controlados desde tierra, de cuatro perras y unos gramos de peso, para tareas científicas y comerciales, para explotación minera, para la construcción de infraestructuras espaciales como estaciones orbitales y bases lunares, todo sin gastar ni un chavo en elevar toneladas de material desde la Tierra a la órbita: todas esas cosas con las que llevamos soñando décadas y que hasta ahora eran antieconómicas. Y estos robots serán tan inteligentes como se quiera, al contrario de lo que hasta ahora esperábamos de la nanotecnología.
"¿Tú sabes lo que encarece la exploración espacial la necesidad de proteger la vida de los astronautas hasta más allá de cualquier riesgo previsible? Y aún así, muere gente, pero es la única forma de realizar determinadas actividades para las que los robots no son lo bastante fiables, ni lo bastante flexibles. Y tal vez no lo sean nunca, porque la Inteligencia Artificial parece haber llegado a un callejón sin salida, al menos hasta ahora, claro. Porque estoy seguro de que la disponibilidad ubicua de sensores remotos mejorará las posibilidades en ese aspecto. Y, además, ahora no habrá límites prácticos a la velocidad de proceso, gracias a un efecto colateral de estos sistemas en el que no habías caído...

-Sí, no me lo digas: que las emisiones no ocupan ancho de banda, ni disipan energía.

-¡Vaya! Pues sí lo sabías. Pues sí, al menos no disipan una cantidad apreciable. Pero no sé por qué, ha sido una observación accidental.

- En teoría, la pérdida de energía es también cero. No lo sabía la última vez que hablamos, pero como ya te he dicho, este misma mañana, justo antes de que me llamaras, todos los detalles encajaron en un sistema de ideas perfecto, sencillísimo, tan evidente para mí ahora que me pregunto cómo no he podido verlo antes, como esos experimentos en los que los trazos de un dibujo forman una cara y su percepción llega de una forma tan súbita que te sobresalta. He pulido los últimos detalles matemáticos en menos de una hora, y ahora todo está claro. Un efecto colateral de la naturaleza de los espacios implicados. Si quieres te lo explico de una forma resumida.

-Explícamelo de camino a la oficina de patentes, si quieres acompañarme. ¿Te das cuenta de que ese efecto colateral es aún más importante que lo de la transimisón instantánea? Mecachis, vivimos en una sociedad que se nutre tanto de información como de energía, y aquí hemos resuelto los problemas de colapso de tráfico tanto de una como de otra de un plumazo. Pronto la tecnología de superconductores en la que se han hecho tan masivas inversiones estará tan superada y se tendrá tanta necesidad de ella como del arte del tallado del sílex. Y no te digo de los avances en informática, con un número infinito de procesadores en red, etcétera. Y dado que ninguna barrera material puede interferir la señal, los satélites de comunicaciones dejarán de ser necesarios, lo mismo que las antenas de telefonía, etc. Y además, sin problemas de ancho de banda, asignación de frecuencias, etcétera.
"Y habrá mil otras cosas que ni se me ocurren. Preveo que el mundo va a cambiar más en los próximos veinte años que en los seis mil anteriores, y no estoy exagerando. He hecho un cálculo a grosso modo de en cuánto dinero se puede traducir esto, y es posible que nuestra patente nos reporte unos ingresos equivalentes al uno por ciento del P.I.B. mundial. Y Dios sabe cuál será el P.I.B. mundial en el nuevo mundo que estamos abriendo.
"¡Y tú sólo te preocupas del reconocimiento académico!. ¡Ja!. Quédatelo para ti solo, pero no te preocupes, que estoy dispuesto a ir a partes iguales contigo en todo lo demás. ¿Vienes conmigo o te quedas aquí?

Le hice esperar casi una hora, mientras ponía en limpio mi trabajo para enseñarlo a un par de colegas del Campus, al que quedó en llevarme después de haber cumplimentado la patente. Nos subimos en su coche, y mientras él conducía, yo me entretuve en inspeccionar sus planos y a jugar un poco con aquellos aparatos, una versión tosca de un teléfono móvil sin altavoces, sólo con la pantalla, en la que se mostraban los mensajes emitidos y recibidos.

-Es impresionate pensar que esas líneas de texto tan parecidas a un SMS han tardado en recorrer estos treinta centímetors que distan de un aparato a otro, no unos microsegundos, sino absolutamente nada ¿Verdad?- le dije, con un aparato en cada mano. El tráfico era denso a aquella hora, y había tiempo conversar entre retención y retención.

-Sí, desde luego. Y que en esos treinta cetímetros la pérdida de energía sea nula, en vez de despreciable, y que eso suponga tantísimo dinero. Pero todavía no me has explicado los últimos detalles teóricos. Yo he estado trabajando todo el tiempo sobre tu primera hipótesis, ya sabes, que la señal viajaba por uno, o por más, universos paralelos, durante todo el tiempo necesario para alcanzar el receptor, antes de reaparacer, como si dijéramos, en nuestro universo, en el orificio de salida diseñado para ello. El trayecto sería aparentemente instantáneo debido a que en algunos de esos universos la velocidad de la luz sería infinita, o tal vez el tiempo transcurriría a un ritmo, o en una dirección, completamente distintos a los de nuestro Universo. La última vez no tenías muy clara la respuesta, pero desde luego, ninguna de ellas explica el problema del gasto nulo de energía.

-Exacto. La solución era mucho más simple. No hay un número arbitrariamente grande de universos, sólo uno, al que he decidido llamar el Universo Fantasma. Lo llamo así porque, al contrario de lo que pensaba de los "Universos paralelos", no es un Universo con una existencia real, con su propia fenomenología interna. Es sólo un artificio de trabajo que permite normalizar totalmente las ecuaciones. Este Universo tiene una existencia virtual, pero una completa coherencia casuística.
"Con esto quiero decir que no existe, aunque puede influir en el nuestro en momentos muy determinados, y sólo a efectos prácticos, pero aunque no exista, no por eso puede adoptar cualquier configuración arbitraria. No. El Universo Fantasma es, tiene que ser, forzosamente, exactamente igual al nuestro.
"Olvídate de ese juego de Multiuniversos cuánticos, en el que hay una miríada de Universos coexistentes que sólo se diferencian del nuestro en el distinto desenlace de una incertidumbre, y en uno tú llevas un jersey de otro color, y en otro yo conduzco el cohce, y tal y tal. Los dos universos son exactamente iguales, hasta el último detalle, sin que ninguno de ellos pueda modificar al otro sin modificarse a sí mismo en la misma medida.

-Bueno, y entonces, ¿por qué no simplificas y dices que hay un único Universo?

-Porque sí hay una divergencia entre los respectivos marcos de referencia espacial. Simplificando, aunque el Universo Fantasma está aquí, junto al nuestro, y en él hay un Elisha exactamente igual que tú, y un receptor exactamente igual que éste, etcétera, es teóricamente imposible saber dónde están el Elisha fantasma, el receptor fantasma, el coche fanstasma, en un momento dado. A efectos prácticos, están en todas partes, así que, aunque entre ellos conserven su marco de referencia espacial, y Elisha esté dentro del coche, y los aparatos también, etcétera, en lo que a nosotros respecta, su emisor fantasma podría comunicarse con un receptor situado en nuestro Universo, pero a mil millones de años luz de aquí, de forma instantánea, porque estarían situados en un mismo punto.

-Bueno, es maravilloso, pero me temo que con ese resumen no lo he comprendido del todo, porque sigo sin entender porque no lo reduces a un solo Universo, donde , digamos, todo puede suceder...

-Bueno, las ecuaciones permiten algo así, porque aunque tiene que haber un Universo Real y un Fantasma, la otra solución posible es que el Universo es su propio Fantasma. Pero esa solución me repugnaba estéticamente, por así decirlo. Por otra parte, tu ya la has refutado empíricamente, sin saberlo, porque tendría efectos más amplios de los que hemos observado y sobre los que tú has basado este invento. En tu sistema sólo se pueden recibir los mensajes enviados por un emisor previamente "sintonizado" por medio de unas reglas simples de conmutación de fase geométrica: no es una precaución contra las interfernecias, sino una limitación inherente a la teoría.

-Sí. Y lo que nos permitirá un ancho de banda infinito. Aunque eso nos dará ciertos problemas prácticos para su implantación masiva, no es tan grave, aparte de otras aplicaciones que le veo como protección del copyright, lucha contra la piratería, seguridad... ¿Y qué ocurriría si estuviéramos, por así decirlo, en el Universo fantasma?

-Bueno, si así fuera, todos los mensajes emitidos podrían ser recibidos por todos los receptores, en cualquier lugar y en cualquier momento. Las comunicaciones serían imposibles, todo ruido y punto.

-No creas, habría modos de soslayar eso. Encriptación de fase, emitir los bits en pulsos irregulares predeterminados, y que el receptor estuviera sincronizado con ellos. Más simple y más barato, incluso. Acarrearía limitaciones a la larga, pero todo se solucionaría. Por cierto, que no se me ha ocurrido comprobar si funcionaría un aparato de esa manera, así que no puedes decir que sea una teoría refutada.

-Bueno, si quieres hazlo cuando vuelvas a casa, pero piensa que si eso fuera cierto, es muy probable que ocurrieran interferencias de otro tipo, que no se han observado. Llevamos muchas décadas desenmascarando telépatas, brujos, adivinos y cosas así para que creamos que eso es cierto, por ejemplo. Y en este caso, las, digamos, "interferencias de pensamiento" no serían una cosa que le pasa a un chalado de vez en cuando, sino algo relativamente común. Y habría todo tipo de pseudocoincidencias extrañas que estadísticamente podría acabar demostrándose que no eran mera casualidad. Y estarás de acuerdo conmigo que eso sí que no ocurre.

Cuando llegamos a la Oficina de Patentes otro tipo había patentado aquel mismo invento, en aquella misma oficina, veinte minutos antes. Fue duro para Elisha, que pleiteó durante muchos años, hasta arruinarse. No podía ganar en los tribunales, ni en la opinión pública, contra los recursos de un enemigo que era dueño del uno por ciento de P.I.B. mundial. Se amargó la vida, y acabamos perdiendo el contacto.

A mí no me fue tan mal. Se me concedió el crédito por la Teoría de la Desubicación, como ahora se la llama. Ya había publicado algunas aproximaciones preliminares, y aquel tipo no me discutió la preeminencia: se conformó con lo que tenía. Ahora soy, sin lugar a dudas, el físico y matemático más importante del siglo, puede que de la historia.

Y el más rico también. En uno de los muchos pleitos en los que Elisha se estrelló contra aquella pared inamovible, testifiqué en su contra. No me quedaba más remedio, pero estaba obligado a exponer lo que era una pura verdad: que desde un punto de vista teórico, si nuestro Universo es su propio Fantasma, en caso de interferencias mentales, es imposible demostrar cuál es el emisor y cuál es el receptor, y que para establecer una certeza sólo podía uno basarse en los referentes externos. Mi referente externo es que había publicado trabajos preliminares. El referente externo del hombre que se quedó la patente es que él la había presentado, y que en algunos aspectos, como el de la interferencia, era más adecuada a la teoría que la de Elisha. Elisha había trabajado en aquella idea sólo unos meses, y siguiendo mis indicaciones. El tribunal estableció que, en caso de interferencia mental, ésta sólo se habría dado entre el tipo de la patente y yo. Fuimos mitad y mitad, y Elisha quedó fuera.

Nunca me lo perdonó. Si yo no lo hubiera entretenido aquella mañana, habría llegado el primero a la Oficina. Si no le hubiera dado una idea equivocada de las interferencias, habría podido captar los mensajes de prueba que el otro mandaba al mismo tiempo, y hubiera estado sobre aviso. Mi testimonio en el juicio fue la última gota en nuestra relación, y temo que en su cordura.

Nadie sabe su paradero actual. De vez en cuando, me envía por correo unos paquetes bomba sumamente ingeniosos: es un genio en el terreno práctico, nadie se lo niega. pero en mi posición actual, tengo medios de sobra para protegerme, y últimamente ha renunciado a llegar hasta mí y se desahoga poniendo bombas en las sucursales de nuestras empresas.

Manda largos correos a los medios contando sus penas, pero ni en sus diatribas más delirantes contra mí sospecha la verdad: que aquella mañana yo lo entretuve a propósito, que aquel hombre me concedió la mitad del pastel porque actuó en todo momento siguiendo mis instrucciones y una confesión suya que yo guardaba a buen recaudo me cubría las espaldas; que desde que tuve lo que yo llamo "la iluminación" tuve por evidente que mi trabajo era demasiado importante para conformarme con un pequeño porcentaje.

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... y la vida del mundo futuro. Amén






Nunca llueve a gusto de todos,
ni siquiera en el Valle de Josafat.

Su corazón se paró y cayó en un largo dormir sin sueños. Sus huesos se agitaron en una brisa recomponedora mil siglos después, y gradualmente el polvo de la tierra fue uniéndose a sus restos hasta que su figura completa emergió del sepulcro, desnudo, sano, joven, y bastante sorprendido.

-¿Bueno, pero esto qué es?

-La Resurrección de los Muertos, como estaba anunciado. ¿No has leído a Isaías? - le contestó el ángel.

-No mucho, me temo. Me educaron como judío, pero la vida, ya se sabe, las amistades, la política, los medios de comunicación, ejem. Ahora vendrá el Juicio, supongo - dijo, algo inquieto.

-Sí, pero no te asustes. Las instrucciones que tengo para comunicaros dicen que va a ser como cuando un profesor "hueso" se retira, ya sabes, aprobado general y todo eso, salvo para los casos más escandalosos, que para no aguar la fiesta, ni siquiera han llegado a resucitar. ¿No ves esos huesos a tu alrededor? La mayoría se están incorporando, pero algunos se quedan en la tierra.

-Je, je. Pues qué bien, oye. Pues a ver si acabamos pronto y busco a mi familia. Los echo tanto de menos. Qué sorpresa se va a llevar mi mujer, que era católica atea; y mis hijos, que eran budista, mormón y jedi, respectivamente, al ver que al final la otra vida es tal y como dice la Ley Judía.

-Pero las cosas no son así. Para cada uno la otra vida es tal y como la espera, qué te creías. El Jefe no es tan sádico para condenar a gente inocente a un destino eterno que no entra en sus creencias; lo que para unos es un paraíso para otros puede ser un inferno, etc. Tú me dirás cómo lo iba a pasar una monja en un paraíso musulmán, todo el día con un tío encima. O ese mismo tío de encima en el paraíso de la monja. ¿lo captas?

-Pero entonces, ¿qué significa eso? ¿No voy a poder ver nunca más a mi familia? ¿Cómo se espera una felicidad eterna en estas condiciones? ¿Qué clase de recompensa eterna es esta, si esto no es también sadismo?

-Eh, para el carro. No pidas recompensas, porque un santo no has sido y bastante bien se están portando contigo permitiendo que dejes de ser unos huesecillos. Aparte de que a los judíos no se os prometió felicidad tras la muerte, no te líes. A lo sumo, perpetuación y regocijo en la aprobación del Padre, y eso según qué secta.
"Yo no sé con todo detalle el destino eterno que tienes reservado, eso sólo lo sabe el Señor. Pero sí te garantizo que en este mundo de ultratumba no encontrarás más que judíos. Tal vez en todo el tiempo que te queda por pasar aquí (y te garantizo que vas a tener de sobra) se te ocurra una forma de ponerte en contacto con los otros mundos dispuestos por el Señor. Yo no sé dónde están, sólo sé que existen.

-Pues vaya birria. ¿Y tú eres un ángel?

-Un ángel judío, macho. Puesto aquí y sólo aquí para aconsejar a los recién resucitados, para ayudarles a superar el shock, para indicarles la dirección del Salón del Juicio, y para nada más. Si me vas a dar más quejas, en vez de pensar un poco seriamente en los consejos que acabo de darte, te daré un último consejo: que a los hijos los tenías que haber educado un poco mejor, y no haber dejado que tu mujer fumara porros durante el embarazo, porque para que te salga un hijo Jedi hace falta tener bemoles.
"Y déjame en paz, que ya me tienes harto, y eso que sólo llevamos aquí unos minutos de la Eternidad que nos resta. Seguro que tú en vida mortal estabas a favor de la multiculturalidad, que cada grupo viviera de acuerdo a sus propios valores y sus propias leyes. Pues toma tres tazas, capullo.

Aquel ángel judío no volaba, pero se alejó a pie del valle polvoriento a una velocidad notable. El hombre recién resucitado miró a su alrededor la multitud de cuerpos que se incorporaban sorprendidos, y se sintió completamente solo entre aquellas innúmeras legiones que iban desfilando hacia la Sala del Juicio entonando cantos sagrados hebreos con una devoción demasiado fortalecida por la evidencia. Pudo observar que muchos sólo movían los labios al cantar porque no conocían la letra. Moviendo los labios también él, se unió a la multitud.

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