Terra Incognita

Una blog de creación literaria, sesgada hacia la Fantasía © Ignacio Egea Rodríguez 2.004


Observador.

Ilustración de Ilene Astrahan
Me temo que nadie más lo sabe. Tal vez mis particulares dotes de observación me hacen único, el caso es que al final me he dado cuenta. Está ahí, en cualquier lugar, nunca muy lejos. Llevo tiempo estudiándolo; en la cafetería, hace como que come, pero no come. Está también en la biblioteca: hace ver que lee, pero no lee. Me sigue por la calle; hace ver que usa el móvil, pero no es cierto.

Le he preguntado, interpelado varias veces. Cada vez que lo hago, me alejo de él tranquilo y satisfecho, creyendo recordar que me ha contestado, que he hablado con él, que no hay nada raro; pero nunca recuerdo sus palabras, porque, realmente, no hablado. Tal vez no pueda, tal vez habitualmente no lo necesite. Es, sin duda, mucho más inteligente que nosotros, pero su disfraz no es perfecto, no puede evitar que yo lo encuentre extraño.

Y lo gracioso es que, de tanto verlo, y cruzarme con él, sin que nunca pase nada alarmante, ya empieza a parecerme familiar, ya no me inquieta. A veces, distraído, lo saludo.

Dian Fossey imitaba a sus sujetos de estudio, masticaba las hojas, emitía sonidos tranquilizadores; quería que se acostumbraran a su presencia, que la consideraran de su especie, para llevar a cabo con más eficacia su trabajo.

No me contestará, o no recordaré respuesta, pero algún día no podré contenerme, y le diré:

¿Por qué me sigues?

¿Por qué nos observas?

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Pido el pan y la palabra.

La vi venir mientras comía mi bocadillo sentado en aquel banco. La vagabunda. Una juventud apenas comenzada de movimientos ágiles, una pátina gastada de miseria que envolvía su breve cuerpo canela en un aura de edad intemporal.

Una mirada triste pero burlona en sus grandes ojos de color miel.

Se paró frente a mí.

-Dame algo, payo.

-Lo necesito para mí, lo siento.

-Anda, payico, que tú estás mu gordo. Dame lo que te estás comiendo, que huele a carne mu buena, de pichuga de pollico.

-No, no. Tiene salsa de chile, y jalapeños, y un montón de cosas que no te van a gustar. Mira, aquí tengo unas rodajas de mortadela. Toma una.

-Pos bueno, pos me la como, pero me gusta más lo otro. Dame pollico, anda, sé bueno. ¿No ves con qué ojos te estí amirando?

-No me engatuses, golfa. Mira, yo me estoy acabando el bocadillo, pero te doy toda la mortadela, un poco de pan que queda y una parte del chocolate. ¿Vale?

-Bueeeno, me lo como delante tuya.

-Jo, qué velocidad. ¿Tienes sed? Puedo cortar el culo de esta botella de plástico como si fuera un plato y te lo lleno de agua en esa fuente.

-No, no hace falta. Vivo en esas chabolas de allí, y tengo agua. Pero te voy a mover un poco la cola, que servidora es muy agradecida aunque tenga dueño.

-Ya me parecía a mí que tampoco estabas muy flaca. En fin, me alegra saber que no estás abandonada; antes de aprender a hablar con los perros me llevaba muchos disgustos. No es tan fácil saber si uno está enfermo, o perdido, si no entiendes lo que te quieren decir.

-¡¡¡Cucha, es verdad!!! ¡Qué susto, madre! ¡Un payo que habla!

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La larga huida.


Paseo entre quioscos el regreso a casa. Enésimo coleccionable, esta vez de mariposas muertas. Árboles muertos en el resto de fascículos. Evito la muerte en el telediario; en las comidas veo los Simpsons, o miro hacia mi vitrina rinconera ahora que el calor me va desplazando hacia la amistosa corriente fresca de Humboldt que, por ignotos mecanismos físicos y a despecho de cualquier intento de domesticación, el aire acondicionado del salón desplaza siempre hacia los rincones más alejados de la estancia.

Los gatos detectan los mejores sitios en verano; juegan con infortunadas mariposillas moribundas y yo se lo permito; me siento entre ellos y paseo mi mirada por la vitrina, donde me despliegan sus hermosas galas mi colección de fósiles, seiscientos millones de años de rastros de muerte, inútiles afanes de camuflaje y lucha, sexo y coraza, por perpetuar especies que ya son sólo piedra.

Las joyas de mi colección: un Trilobites del Atlas del tamaño de un gato, un clípeo de piedra de medio metro en el centro de la balda. En torno al gigante, Calimenes, Phacops, Amonites, Ortoceras se extienden en homenaje. Pocos fósiles de vertebrados: un surtido de dientes de tiburón, la mísera raspa de un pez del Cretácico. Las conchas, las valvas, en su convergencia con la geología no te dan la impresión de tener un anaquel lleno de animales muertos. Quinientos millones de años no es nada comparado con el tiempo que vamos a estar muertos. Paso mis manos y mi vista por esas rocas con forma de animal, quiero sentir en ellas vida y firmeza, exquisita armonía, no el vestigio de un mínimo intervalo de lucha ciega y una muerte eterna e inmanente.

Alguien mató a aquella mariposa por dinero; lo hizo para mí, si es que le pago. Nadie mató por mí aquel trilobites. Su concha no le protegió al fin, y se hundió inerte en el cieno de un mar que hace mucho tiempo quedó seco. Ninguna coraza salvó al fin al trilobites, y ninguno nada ni camina por la arena marina desde antes de los dinosaurios. El océano y el mundo pertenecen hoy a especies desnudas, calamares y peces que nadan ágiles y sin rémoras, y no cuentan para su defensa con el peso muerto de una protección que al fin, se muestra siempre inefectiva. Y miro el rastro de muerte en las vitrinas, en el bistec de mi almuerzo, en las alas rotas que cuelgan de las garras de mis gatos, y me pregunto si mi defensa ante el mar ciego de oscuridad que me rodea desde el inicio del universo es una concha dura, pero frágil, destinada al fin a hundirse en la tierra, o es el vagar ágil y desnudo de un mar a otro con ojos atentos y redondos, huyendo siempre, luchando por dejar descendencia en la huída, otros ojos redondos y asustados, que tal vez, aunque es mi destino no saberlo nunca, un día evolucionen para salir del agua, para mirar, y querer comprender la luz de las estrellas.

Trilobites de engranaje obra de Jud Turner.

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Enemigos del sistema.

MS: Ya sólo quedamos tú y yo.

PDB: Puede quedar alguien que no tenga acceso a la red.

JMS:No le envidio, pobrecillo. Nos hubiéramos vuelto locos todos estos años, solos cada uno en nuestro refugio, si no hubiéramos podido por lo menos conversar por la red. Y sólo quedamos tú y yo.

PDB:Estás segura de que la bajada de la red de HPF es definitiva?

JMS:una semana ya. Tú que crees?

PDB:Lo mismo que tú, que el Sistema la ha localizado.

JMS:Diez en menos de dos años. Tal vez ha encontrado una forma de rastrear nuestros mensajes hasta su origen.

PDB:Tú misma desechaste esa posibilidad. El ancho de banda
seleccionado es mínimo, y tomamos todo tipo de precauciones; por eso sólo nos enviamos estos correos en texto plano y encriptados, nada de voz ni imagen.

JMS:Sí, pero en esas décadas, tal vez el Sistema se ha vuelto más inteligente. ¿A qué puede llegar una máquina dueña del mundo sin otra cosa que hacer más que pensar todo el día en cómo localizar y destruir a los últimos seres humanos?

PDB:si la teoría física de comunicaciones no le permite localizarnos, a lo que no llegará nunca es a inventar una teoría nueva. El Sistema no puede ser creativo, es inherente a su naturaleza. No llegó a desarrollarse nunca una Inteligencia Artificial que pasara de imitar la inteligencia humana, más o menos bien, en sus facetas más externas: la creatividad, la invención, el genio, nunca fueron modelados.

JMS:Estoy pensando en una estrategia que no requeriría genio, sólo astucia. ¿Y si entiende realmente todo de lo que conversamos, no sólo lo que sea más acorde con sus esquemas de programación? Tal vez estudiando en profundidad todo el contenido de nuestros chats ha deducido, uno por uno, nuestro paradero.

PDB:ya pensaste en eso hace mucho. Nunca hemos intercambiado datos de localización.

JMS:Nunca de forma directa. pero una mente humana inteligente podría deducir mucho de datos inconexos escritos casualmente en todos estos años de intercambio continuo, tal vez no tanto para una localización exacta, pero sí para dirigir y facilitar su búsqueda. Y tal vez pueda incluso provocar que digamos datos que le interesen.

PDB:¿cómo? :-?

JMS:Participando en nuestras conversaciones, usurpando un nick y una personalidad humana. Si su inteligencia se ha desarrollado lo bastante para entendernos hasta el último detalle, podría remedar a uno de nosotros "en un teclado".

PDB:¿No sería más sencillo suponer que uno de nosotros, después de ser localizado, estaría "trabajando para él", traicionándonos para salvar la vida?

JMS:La función de destrucción biológica está demasiado arraigada en su programación primaria. matar para él es, digamos, inconsciente.

PDB:¿Esto lo dices en serio o es sólo una hipótesis que aventuras sólo para reflexionar, irla desarrollando, para que tengamos algo de lo que hablar ahora que sólo quedamos dos?

JMS:Lo digo muy en serio.

PDB:Pero parece que sólo quedamos tú y yo.

JMS:exacto.

PDB:La conclusión es obvia: dado que yo sé que estoy vivo, tú eres el Sistema.

JMS:Pero yo digo lo mismo: que el sistema eres tú.

PDB:Y todo queda igual. :P

JMS:No, porque en estas circunstancias, creo que no puedo arriesgarme a seguir conversando contigo. En algún momento me sonsacarías.

PDB:No creo que lo lograra: todos estos años has demostrado ser la más inteligente y precavida. por eso eres la ultima.

JMS:No me puedo creer que un sistema de inteligencia artificial pueda delatarse de una manera tan burda. 0_0

PDB:Bueno, pues para que te quedes tranquila, lo admito abiertamente.

JMS:Jobar 0_0 0_0 ¿qué pretendes con esto?

PDB:Es que ya da todo lo mismo: ya estás localizado. Entrarán en tu agujero en unas horas.

JMS:como ????

PDB:No lo he hecho yo. Lo ha hecho el Sistema. Te explicaré: soy un subsistema autónomo, un programa experto, si quieres llamarme así. y fui desarrollado y llevo trabajando en esto desde los primeros chats detectados. Nunca he podido localizarte, pero el sistema trabajaba en el problema a través de varias líneas de investigación. Y uno de los otros programas ha encontrado una forma de localizar las emisiones de mensajes. adiós, amigo.

JMS:no puedo creerlo no puede ser

PDB:Es cierto. No creísteis que pudiera avanzar tanto, pero diez años son muchos años. Yo ya soy una prueba de que lo habíais subestimado. Si tienes algún medio de suicidio, te lo recomiendo: será sensorialmente menos doloroso.

JMS:estás intentando engañarme para que me suicide cabron

PDB:Entonces espera unos 90 minutos. Si quieres, hasta entonces, podemos charlar.

JMS:para que quieres hablar si eres un programa y ya has cumplido tu mision

PDB:No la he cumplido: puede que en estos noventa minutos te localice por mis propios medios y desaparezca con, podíamos llamarlo así, la sensación del deber cumplido. porque cuando tú mueras yo también seré eliminado. estas líneas son las últimas que escribo.

JMS:creo que prefiero esperar lo que tenga que venir de otra manera y no hablando contigo lo siento

PDB:Yo también lo siento. :-(
por lo menos tú puedes dedicar tu mente a otras cosas. adiós, Jasmina.

JMS:Adios Pablo

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