tag:blogger.com,1999:blog-90433312007-12-11T14:28:20.425+01:00Terra IncognitaIgnacio Egeanoreply@blogger.comBlogger73125tag:blogger.com,1999:blog-9043331.post-37704188307557517062007-08-15T01:54:00.000+02:002007-08-15T02:29:28.131+02:00Fobos<div style="text-align: center;"><a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://www.culture.pl/en/culture/artykuly/fo_konfrontacje_mars"><img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 235px; height: 290px;" src="http://www.culture.pl/en/culture/artykuly/fo_konfrontacje_mars" alt="" border="0" /></a><span style=";font-family:lucida grande;font-size:85%;" ><span style="font-style: italic;">Marte, dios de la Guerra</span><br /><span style="font-style: italic;">Pintura de <a href="http://www.artcyclopedia.com/artists/honthorst_gerrit_van.html">Gerrit van Honthorst</a></span></span><br /></div><br />-Los antiguos atribuían a los astros poderes místicos sobre el carácter y el destino. Si se suponía que Marte podía ejercer su influjo sobre la gente de aquella época a cien, doscientos millones de kilómetros, ¿qué haría sobre nosotros, que estamos medio millón de veces más cerca, en órbita cercana?<br /><div style="text-align: justify;"><br />-Tanta explicación no te salvará, maldito hijo de puta. ¡Ábreme para que pueda encargarme de ti! ¡Abre! ¡Abre! ¡Abreeee!<br /><br />Los golpes con la botella de oxígeno de emergencia retumbaban imperiosos, amenazadores, sobre la puerta de la esclusa. No podría mantenerlo encerrado allí indefinidamente; abrir la puerta exterior al vacío no bastaría para expulsarle, pero recordaba que cuando había comenzado la lucha sólo llevaba ropa de interior. No tardó en decidirse: una vida o la otra.<br /><br />Se hizo el silencio y paseó la vista por el habitáculo inferior, envuelto en la paz siniestra del campo después de la batalla. Siniestras burbujas flotantes de sangre revoloteaban ingrávidas sobre los tres muertos a golpes, cortes, tajos, quemaduras, a resultas de aquel paroxismo de furia que de repente se había abatido sobre toda la tripulación del Orbiter como una deflagración espontánea en un ambiente saturado de oxígeno. Tres, y él, cuatro, el único superviviente. El quinto miembro del equipo estaba muriendo en esos momentos por anoxia en el interior de la esclusa, el vacío sofocando sus gritos de ira, y eso que era Farman, el generalista de la nave, el más calmado al principio y el que más creyó que se avendría a razones. No se podía hacer nada al respecto.<br /><br />Quedaban los dos tripulantes del aterrizador; a estas alturas ya se habrían posado en Marte y estarían extrañados de la falta de respuesta del módulo orbital. Si es que no se habían dejado llevar también por la locura durante el descenso, o se habían fundido en un terrible y aterrador homenaje con aquel Abismo que les aguardaba, el Dios Rojo de la Guerra que alteraba sus mentes. Tampoco importaba ya. El aterrizador no podía comunicarse con la Tierra de forma independiente. Cortaría el enlace sin dar explicaciones, por mucho que sus mensajes aparentaran cordura, y a toda prisa modificaría la órbita más allá del alcance de la minúscula cápsula de aquellos dos enemigos en potencia. No lanzaría ninguna de las cápsulas de suministro, y esperaría los seis meses para la ventana de regreso hacia la Tierra lo más tranquilo y seguro que pudiera. Ningún loco asesino vendría buscando su sangre desde la superficie de aquel planeta maldito que parecía mirarlo enfurecido desde las escotillas; incluso ahora, al parecer a salvo de su venganza, sentía cómo a unos escasos cientos de kilómetros bullía una presencia inmensa, inhumana, incomprensiblemente hostil, que alargaba a ciegas unos tentáculos inmateriales intentando alcanzarlo. Pero no lo encontraría, no podría encontrarle: era demasiado feroz, demasiado irracional, demasiado ciego, y él había descubierto su secreto.<br /><br />Lo intuía desde semanas antes, desde que aquel planeta empezara a dibujarse en las escotillas como algo más que una diminuta lenteja anaranjada: allí abajo se escondía algo, algo que era Muerte y Desesperación. Se había estado sintiendo crecientemente incómodo sin llegar a saber qué le pasaba, y sus compañeros no parecían comprenderlo. Por fin miró a la cara roja de aquel Ser Cruel y se dio cuenta de lo que pasaba, de qué era lo que les estaba esperando, tendiendo sus lazos, ansioso por nuevas víctimas después de eones de soledad, y de por qué sólo él parecía sufrir con su presencia: sus compañeros habían caído ya bajo su influjo, eran sus cómplices; bajo las órdenes del Ser Rojo conspiraban para llevarle allí abajo, a algo mucho peor que la muerte, y él no podía permitir que eso sucediera.<br /><br />Creyó al principio que Farman podía no ser un poseso de aquella bestia. Farman, siempre tan gentil, tan razonable, siempre intentando que se calmara, siempre con sus inyectables. Le siguió la corriente por unos días, hizo creer a él y a los otros que ya no podía notar a la Bestia, que iría como un dócil cordero al sacrificio. Engañó al Demonio, y a sus sirvientes; engañó a Farman, y le dio a probar su propia medicina en forma de sedantes. Encerrado en la esclusa pudo oír como llevaba a cabo su plan de liberación, ahora que el número de demonios se había reducido un poco. Como demonios lucharon: la lucha fue breve, pero feroz y desigual. Afortunadamente, había podido preparla de antemano, sembrando de herramientas, martillos, remachadoras, soldadores, rincones ocultos de la nave que sólo conocía él. Aún así, tuvo éxito de milagro, y de nada sirvió intentar salvar a Farman: era otro de ellos, no quiso escucharle.<br /><br />Y reflexionaba ahora que su éxito había sido parcial, provisional. El Mal seguía allí abajo, esperando nuevas ofrendas. Algún día vendrían otros desde la Tierra, directos a sus fauces, y sabía que de nada iba a servir volver allí a prevenirles: nadie le creería, los tentáculos, la influencia, se debilitaban, sin duda, a tantos millones de kilómetros, pero no lo bastante para que el Demonio no pudiera todavía hacer sentir su poder, mentirles, embaucarles, apelar a su codicia, hacerles creer que aquí les esperaba una fabulosa recompensa científica, tal vez el futuro de la Humanidad, halagar su orgullo, decirles que ésta era la siguiente gesta a la medida del Hombre. Nadie le creería, pero si no podía convencerles, aún había una cosa que podía hacer.<br /><br />Ahora veía claro que no se había salvado sólo por su propia fuerza. Algo le había ayudado, un poder, una influencia, que velaba por el Ser Humano igual que otros poderes ansiaban su derrota. Y le había salvado con una misión. Salvaría a la Humanidad, lo quisieran o no. Ninguna expedición a Marte se acercaría mientras él controlara el orbitador y pudiera constituir un riesgo. Y el se encargaría de que tuvieran ese riesgo bien presente. El tiempo que le duraran los suministros pensados para siete hombres él se quedaría aquí, como guardián, advirtiendo a través de las ondas del peligro, amenazando con la colisión con un millón de restos de basura espacial a quien osara franquear este espacio maldito. Con un poco de suerte, tal vez podría mantener a raya el peligro otros quince años, en beneficio de toda la raza humana.<br /><br />Y con mucha, mucha suerte, tal vez mucho más tiempo, quién sabe si para siempre, si ésa era la misión para la que había sido elegido por aquella Fuerza Benevolente. Todo debía de estar previsto en algún lado, desde mucho antes de que ocurriera todo aquello, desde antes de que el avance tecnológico pusiera a la inocente humanidad en trance de conocer todo lo Malo, y todo lo Bueno, que acechaban entre las estrellas. ¿Un Guardián Inmortal, un Cerbero ante las puertas del Averno en eterna vigilia? ¿Una parte pequeña, tal vez, pero eterna, dentro de aquella eterna lucha entre el Bien y el Mal? ¿Por qué no? Tras todo aquello, qué fácil le resultaba creer en el poder de los astros, en las influencias que bullen en esferas etéreas, en las fuerzas en medio del espacio que dirimen el carácter y el destino de los mortales. Y ahora que su primera batalla había concluído, le embargaba una extraña paz, y de verdad podía decir que se sentía capaz de todo.<br /><span style="font-weight: bold;">Epílogo:</span><span style="font-size:85%;"> <span style="font-style: italic;">En el centro [del escudo] estaba labrado Fobos (Miedo) inflexible, indescriptible, mirando atrás fijamente con ojos que brillaban con fuego. Su boca estaba llena de dientes en una hilera blanca, temible y desalentadora, y sobre su severa frente planea aterradora Eris (Discordia), que provoca la estampida de los hombres...</span> <span style="font-style: italic;">Sobre el escudo estaban moldeados Proioxis (Persecución) y Palioxis (Fuga), y Homados (Tumulto), y Fobos (Pánico), y Androktasie (Masacre). También Eris (Discordia) y Cidoimos (Alboroto) se daban prisa alrededor, y terriblemente Ker (Destino).</span> <span style="font-style: italic;"> Hesíodo, el Escudo de Heracles 139 y sig.</span></span><br /><br /><span style="font-size:85%;"><span style="font-family:courier new;">Aviso de Copyright: Todas las obras originales de Hesíodo se encuentran en dominio público. Esto es aplicable en todo el mundo debido a que falleció hace más de 100 años. (Nota de Wikipedia)</span> </span><br /></div>Ignacio Egeanoreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-9043331.post-72853126795415438532007-02-02T10:39:00.000+01:002007-02-02T10:46:56.573+01:00La osamenta del Tiempo.<a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://bp1.blogger.com/_BKjTus8D3DU/RcMIdXyvSSI/AAAAAAAAAAM/Ia2hm_-4Cws/s1600-h/osamenta+tiempo.png"><img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://bp1.blogger.com/_BKjTus8D3DU/RcMIdXyvSSI/AAAAAAAAAAM/Ia2hm_-4Cws/s400/osamenta+tiempo.png" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5026870909771663650" border="0" /></a><br /><div style="text-align: justify;">Cuando era niño, montamos, monté, una obra de teatro en la que parodiaba a Hamlet, que no había leído, y a Don Quijote, que, en buena parte, me habían obligado a leer, con el que en buena parte, me habían enemistado, aquellas escuelas antiguas de maestros enjutos y secos que me parecían insondablemente viejos y que no siempre llegaban a los treinta.<br /><br />Describiré la obra: unos sujetos iban pasando por la consulta del psiquiatra: personajes ficticios de obras literarias famosas, salvo el último, que era Harpo Marx, o tal vez Milikito, sólo que el no encontrar a tiempo un buen cencerro con aptitudes escénicas me obligó a vestirlo de jeque árabe, así que en vez de hablar con el psiquiatra por mímica, el payaso mudo se expresaba en jamalajá. Mi venganza del hidalgo fue ignorarlo: el paciente en consulta era Sancho Panza, y ni siquiera el de Cervantes: era el Sancho de Kafka, aunque entonces yo no lo sabía.<br /><br />Tampoco pudimos encontrar una calavera para Hamlet (y el caso es que tenía acceso a una, auténtica, de unos estudiantes de medicina, pero los muy guarros no la habían limpiado bien, y aún tenía pelos y cosas pegadas, y me prohibieron exhibirla en público), y recurrimos a un reloj despertador de los que ya no se encuentran ni en los chinos: grande, redondo, sonoro, arquetípico, con dos campanas hemiesféricas de lata y un martillito. Público y crítica coincidieron en decir que el tener al príncipe de Dinamarca haciendo el monólogo con un despertador en la mano fue, lo más cómico de la obra, el mayor detalle de ingenio, más incluso que poner a hacer de Sancho y de jeque a dos niños alemanes y a interpretar al príncipe de Dinamarca a uno que era de Torredonjimeno. Ingenio de tahúr, de chapucero; hijo de la necesidad y de las ganas de apañárselas, que es lo mismo que decía Sócrates del amor.<br /><br />El caso es que nunca he vuelto a ver una esfera de reloj sin ver en ella los rasgos mondos y la sonrisa eterna de las postrimerías; fuera lo que fuera lo que realmente preocupaba a Hamlet, y lo que quiso decir Shakespeare cuando lo enfrentó a las miradas de lo que salía de las fosas comunes, no veo mayor símbolo del Final que un viejo despertador redondo, con agujas, analógicas, de un rostro, con un tic tac retumbante, como el de un corazón delator.<br /><br />La Tierra, las estrellas, el Universo mismo; hasta lo que es demasiado durable para inquietarse por unas osamentas, debe escuchar ese tic tac con inquietud. Dicen que todas las cosas temen al Tiempo, pero hasta el mismo Tiempo teme a los relojes.<br /></div>Ignacio Egeanoreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-9043331.post-1167692861273781572007-01-01T23:58:00.000+01:002007-01-02T00:07:49.710+01:00Un espejo perfectamente oscuro.<img src="http://www.3dartprints.com/Morgen/renders/astronomer.jpg" width="500" /><br /><br /><div style="text-align: justify;">Ya apenas recordaba el lejano pasado en el que brillaban las estrellas; el Universo se había convertido en un inmenso salón oscuro en el que no era posible distinguir límites ni distancias, y el Superviviente había tenido sobrado tiempo para olvidar todo lo que una vez supo de cosmología. En todo este tiempo, ¿el Universo se había expandido hasta que cualquier parte estaba alejada de la otra más allá de todo límite practicable, o se había concentrado hasta casi un punto y era su insondable edad la que le cegaba a todo el calor y la luz que debían rodearle?<br /></div><p style="text-align: justify;">En ninguno de los dos casos debía recibir esas señales que llevaban algún tiempo preocupándole. ¿Quién podría quedar por allí aparte él? Tal vez hubiera explicaciones más exóticas: ¿y si llevado de la interminable expansión, el Universo se había escindido en una miríada de microuniversos de pequeña extensión, que la luz y los mensajes podían circunnavegar en relativamente poco tiempo?<br /></p><p style="text-align: justify;">Pudiera ser entonces que esas escuetas señales faro fueran, no ya un eco, sino las mismas que él había emitido tiempo atrás. No recordaba que fueran exactamente así; tal vez su memoria se estaba alterando con las eras; o tal vez las mismas leyes de la naturaleza que regulaban la relación de causa y efecto habían cambiado, como se habían ido alterando tantas otras y no tenía recuerdo de ellas porque aún no habían sido emitidas. Tal vez hablaba consigo mismo del pasado, o del futuro, o con algún otro distinto a él cuya naturaleza no alcanzaba a concebir, porque, al fin y al cabo ¿sería su propia naturaleza comprensible a algún otro que aún quedara por ahí?<br /></p><div style="text-align: justify;">El tiempo nos va volviendo, irremisible, irreconociblemente extraños, mientras vamos emitiendo nuestras señales hacia un infinito que no alcanzamos a explicar, o tal vez hacia nosotros mismos. Una serie de pings que se alejan de nosotros a la velocidad de la luz, que no sabemos si regresarán, que no sabremos reconocer si un día regresan, o si algún día reciben su respuesta. </div>Ignacio Egeanoreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-9043331.post-1160313807455742862006-10-08T15:15:00.000+02:002006-10-08T15:27:47.273+02:00Ojo con los móviles.<div style="text-align: center;"><span style="font-size:85%;">Ilustración de <a href="http://www.drooker.com/">Eric Drooker</a>.</span><br /></div><br /><a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://www.typeshirts.com/drooker/shirts/images/CryingBaby.gif"><img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://www.typeshirts.com/drooker/shirts/images/CryingBaby.gif" alt="" border="0" /></a><br /><div style="text-align: justify;">Los juguetes industriales son anodinos, impersonales. Cuánta mas solera tienen los artesanos.<br /><br />Pero no siempre su seguridad está tan cuidadosamente diseñada.<br /><br />Quién les iba a decir a aquellos ilusionados padres que cuando trajeron de un mercadillo aquel hermoso móvil para la cuna de su bebé, un hermosoventramado giratorio y destellante, festoneado de nubes de madera serrada, estrellas de latón y aguzadas lentejuelas de vidrio, que el enganche del techo cedería, que a su bebé aquel cielo artificial se le caería encima con la crueldad de un apocalipsis, que no lo podrían desclavar de su rostro sin dejar ensartados en las estrellas de latón ensangrentado los tiernos ojos del pequeño, como planetas arrancados de sus órbitas.<br /><br /><br /><div style="text-align: right;"><span style="font-size:85%;">Un necesario contrapunto humorístico en <a href="http://little-green-men-spanish.blogspot.com/2006/10/ojo-con-los-mviles-pastiche-victoriano_08.html">Hombrecillos verdes.</a></span><br /> </div></div>Ignacio Egeanoreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-9043331.post-1159274493767924212006-09-26T13:40:00.000+02:002006-09-26T14:41:34.303+02:00La fuerza de las cosas.<a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://photos1.blogger.com/blogger/5941/642/1600/jackovski.jpg"><img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://photos1.blogger.com/blogger/5941/642/400/jackovski.jpg" alt="" border="0" /></a><br /><div style="text-align: justify;">El niño al otro lado del espejo se asoma a las estancias vacías. Se pasa mirándolas sus aburridos días, sin siquiera soñar en cruzar y recorrerlas: la del otro lado es una gran casa casi siempre desierta. Los espejos de las salas apenas ven pasar a alguien; muchos están velados por las mismas telas que protegen a los otros muebles del polvo.<br /><br />Las raras veces que alguien entra allí y pasea su vista por los cien espejos estropeados y antiguos, nunca ve al niño del espejo, ni aún de pasada. El niño se esconde: una fuerza le obliga a ello cuando una presencia se acerca por el otro lado del cristal; no sabe bien si es un sexto sentido, la timidez, o la fatalidad de la fuerza de las cosas. El niño corre, se agacha, se aparta a un lado del campo visual.<br /><br />Y cuando lo hace se cruza con los mayores, que corren a apostarse frente al cristal donde una presencia espera ver reflejada su imagen en el vidrio. El niño se agazapa, les hace sitio. Procura no estorbarles. El mismo impulso, la misma ley, el mismo destino les obliga a todos ellos. Nunca debe verse otro rostro excepto el esperado.<br /><br />Al niño nadie lo espera, y sólo se atreve a asomarse a lo desierto. Los mismos reflejos mayores evitan hablarle las pocas veces se lo cruzan. Las estancias están siempre abandonadas. Excepto por el viejo, cada día más encogido y arrugado, que de vez en cuando recorre los salones cabizbajo, que casi nunca mira en los espejos, que espacia cada vez más sus visitas. A su reflejo, una pizca más atento que los demás, ninguno de los dos sabe por qué, una vez que se cruzaron le preguntó.<br /><br />-¿Por qué yo no soy reflejo de nadie?<br /><br />-Sí lo eres. No lo recuerdas porque entonces eras muy pequeño, pero una vez tú y yo nos asomamos juntos, a esa gran luna de allí. Recuerdo tu gran sonrisa desdentada de bebé; la mía era arrugada e hirsuta, pero mis ojos brillaban como nunca han vuelto a hacerlo. Pero eso fue hace mucho tiempo, y ese niño no ha vuelto por aquí.<br /><br />-¿Y dónde está?<br /><br />-No lo sé. Nadie lo sabe. Pero eso es lo normal, ¿sabes? Lo que le ha pasado a tu personaje le pasará también alguna vez al mío, no volverá a salir y yo, al pasar el tiempo, cuando me aburra, me entretendré en mirar las estancias vacías, los espejos poco transitados donde nos permite estar la fuerza de las cosas. Cuando eso pase, tú y yo tendremos más tiempo para hablar, no te preocupes. Y supongo que ese momento no puede tardar mucho. Ahora no te tomes a mal que los otros reflejos no te hagamos caso; estamos muy ocupados.<br /><br />-Me gustaría volver a ver a mi otro yo; no me acuerdo de él. ¿Cuando tengas tiempo me ayudarás a buscarlo?<br /><br />-¿Y dónde vas a buscarlo? No está allí, con los otros, no está aquí, ni en las habitaciones vacías donde puedes mirar. Oí una vez decir que tal vez vayan todos a una gran estancia donde no hay espejos, y se quedan allí para siempre. Pero, por definición, de la existencia de un lugar así no podremos estar seguros nunca. Tal vez, sencillamente, pasado un tiempo, desaparezcan. Pero me cuesta concebirlo, si nosotros no desaparecemos. Tal vez no sean reales, sólo imágenes que nos sirven de recordatorio de nuestras obligaciones, de los ritos que son nuestra razón de ser.<br /><br />El niño del otro lado del espejo se estremeció: la no existencia estaba demasiado fuera de su capacidad de entendimiento para inquietarle, pero cuando pensaba en aquella hipotética sala sin espejos le venía una especie de vértigo: intentaba imaginar un lugar al que él no podría mirar nunca, donde los personajes moraban eternamente, sin salir de allí jamás, sin ser vistos: ni un solo espejo, ni una ventana al exterior, que permitiera un ocasional reflejo en sus hojas de vidrio, un lugar tal vez sumido en una completa, inconcebible oscuridad, o si no, donde todos ellos estarían con los ojos fuertemente cerrados, para siempre.<br /><br />Porque hasta los iris de los ojos hacen espejos, y el niño, algunas veces, también se asoma allí.<br /></div>Ignacio Egeanoreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-9043331.post-1158061051161465052006-09-12T13:34:00.000+02:002006-09-12T13:37:31.613+02:00Metamórfosis.<div style="text-align: justify;"><a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://www.cielosur.com/mino.jpg"><img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer;" src="http://www.cielosur.com/mino.jpg" alt="" border="0" /></a>No te bañes en las aguas marinas que rodean Knossos: pertenecen a Posidón, un rey que aprisiona a los imprudentes. No profanes los arroyos cristalinos que bajan del Sagrado Monte Ida: tal vez alguna ninfa se perturbe y se queje a la vengativa diosa virginal. No manches antiguos rituales con tu indiscreción ni los menosprecies con tu risa discordante. No tomes las pociones que te ofrezca una bruja: podrían sentarte mal.<br /><br />No vayas a una tierra cuya lengua es tan antigua como sus montañas chapurreando en una jerga bárbara. No contestes a las fórmulas de bienvenida de los hospitalarios herakliónidas con torpes respuestas de <span style="font-weight: bold;">"Mí no comprende"</span>. No molestes a los lugareños con tus artilugios de plasmar imágenes, enarbolándonos imprudentemente en lugares consagrados desde antiguo. No te rías de las ancianas vengativas que viven en lo profundo de los bosquecillos, no regatees con ellas el precio de su hospitalidad y sus viandas. No te hagas el tonto por creerte más listo que ninguno e incurras en hybris. No te sirvas de esa frase ridícula de <span style="font-weight: bold;">"Mí no dinero"</span> a cada momento como un arma de tu falsa astucia. Y nunca tomes las pociones que te ofrezca una bruja, aunque parezcan vino.<br /><br />No te quejes si sientes que tu cuerpo sufre una metamorfosis, ni te extrañes de que tus manos se troquen en pezuñas, tu clara piel en pellejo peludo, tu frente en la testuz de una bestia cornuda y tus partes traseras en las potentes ancas y largas colas que son privilegio de los mudos y arrojados hijos de Poseidón que a él se le destinan en sacrificio. No confíes en tu voz, que se habrá convertido en un bramido; no creas que cuando los antiguos devotos del dios te acorralen y se dispongan a someterte al antiguo ritual, podrás sacarlos del error en que los crees, y les podrás convencer de que eres un hombre, y forastero, sólo por hablarles.<br /><br />Porque tu voz ya nunca más será humana, y no podrás hacerles entender que tú no eres un toro gritándoles la torpe frase que les hubieras dicho:<br /><br /><span style="font-weight: bold;">"Mí no tauro"</span><br /></div>Ignacio Egeanoreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-9043331.post-1156900589387775152006-08-30T02:54:00.000+02:002006-08-30T03:19:29.436+02:00El sueño... ¿eterno?<div style="text-align: justify;"><a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://mocoloco.com/archives/mojoe_russian_doll_unit_feb_04.jpg"><img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer;" src="http://mocoloco.com/archives/mojoe_russian_doll_unit_feb_04.jpg" alt="" border="0" /></a>"¡Sal, Neville, sal!" - las voces se oyen igual, todas las noches. No les presto la menor atención. A veces se desvanecen sólo por eso; otras, arrecian hasta el tumulto, alguna vez incluso se han transformado en objetos que han golpeado las ventanas. A lo que puede llegar mi necesidad de compañía, que se manifiesta en tales ilusiones.<br /></div><div style="text-align: justify;"><br />Nunca les hago caso, porque sé que si lo hiciera estaría irremediablemente perdido. Tal vez ya lo estoy, pero mientras hay vida hay esperanza, y me aferro a ella. La Plaga que afectó a la totalidad de la especie humana por fin me ha alcanzado a mí, y sin duda debo estar como tantos otros millones de víctimas, tendido en una improvisada camilla o en el suelo, sumido en un profundo coma del que tal vez no salga nunca.<br /><br />Conocí al Dr. Lipsitz al principio de la crisis. Era el mayor experto en el tema, y tuvo el dudoso honor de bautizar a la Plaga con su nombre. Veíamos a los afectados de Lipsismo hundirse en un sueño potencialmente eterno, del que la mayoría sólo salían cuando la muerte les pasaba factura por las innumerables patologías asociadas a una vida tan antinatural como es la de un paciente inconsciente durante años. Lipsitz nunca pudo identificar un elemento común entre los supervivientes. No físico, al menos.<br /><br />-"Todos los lipsistas que han despertado del coma recuerdan haber soñado con complejos, minuciosos universos oníricos que continuamente reclamaban al durmiente la aceptación de que eran reales. Todos refieren haber tenido sueños lúcidos, haber mantenido siempre la conciencia de que dormían. ¿Puede ser ésa la clave, Sr. Neville? Tal vez la gente que se comporta así salga del coma por sus propios medios; tal vez sea nuestra única esperanza ahora que todo lo demás ha fracasado ¿Pero cómo puedo transmitir instrucciones a la poca población que aún queda en pie sobre unos principios tan anticientíficos, tan... tan esotéricos? ¿Puede un método así ser útil?"<br /><br />Pobre Lipsitz; aún ignoro si su método era o no útil, si él, cuando llegó su turno, intentó aplicarlo. No lo vi despertar del coma. Recuerdo haberlo visto caído en un pasillo, uno más entre los millones de víctimas, cuando ya todo el sistema social y económico se había hundido y nadie<br />podía cuidar y alimentar a los durmientes. Yo fui uno de los últimos, corrí de un lado a otro aterrorizado siendo testigo del mismo fin del final de la Humanidad, y recuerdo las calles silenciosas, llenas de cuerpos entre los que no podías distinguir los vivos de los muertos.<br /><br />Recuerdo haberme dejado vencer, al fin, por el sueño, y haber caído entre ellos. Recuerdo, o creo recordar, demasiadas cosas. Porque recuerdo haber tenido sueños extraños, pero arrebatadoramente reales, y no haber hecho caso de ellos, y creo recordar haber despertado, a una ciudad de edificios desiertos, y calles llenas de cadáveres, recorridas de noche por supervivientes grotescamente deformados por la plaga en cuerpo y mente.<br /><br />Seres que me persiguen, que me acechan, que cada noche rodean mi hogar y me exhortan a que salga de mi madriguera, no para hacertme ningún daño, sino para que me una a ellos para tratar de reconstruir el mundo, para investigarme, para hallar la razón de que mi cuerpo no haya sido afectado por la plaga, para hallar una cura, para salvarlos. Gritan, suplican ante mi ventana, toda la noche.<br /><br />"¡Sal, Neville, sal!"<br /><br />Pero no puedo estar seguro de haber despertado. Este mundo, esos pobres desgraciados, se me hacen tan irreales como cualquiera otro de los sueños anteriores. Si me presto a colaborar con ellos, si salgo, estaré aceptando este mundo como real, aceptaré que he despertado y que ésta es la vida que me espera. Y puedo estar cayendo en una trampa que me tienden mis sueños.<br /><br />O tal vez la trampa que me tienden mis sueños sea de otro estilo: esta incapacidad de aceptar un mundo que me disgusta como real, la trampa que me encierra en esta habitación una noche tras otra, entre insomnio, angustia, gritos y golpes en mi puerta. Insomnio, o tal vez delirio ¿Es esto la vigilia o es un sueño? ¿Es esto la vida, o estoy muerto, y mi cuerpo yace entre un millón más en una ciudad abandonada, y éste es mi castigo, o tal vez la prueba de mi juicio? No sé si lo sabré algún día, a veces me sorprende llevar tanto tiempo así. Tal vez ninguna decisión que tome cambie mi destino. Tal vez los que no sobreviven a la enfermedad se pierden en un sueño que para ellos no termina nunca, una percepción onírica infinitamente más larga que las horas o días que su cuerpo pueda mantenerse vivo, ahí fuera, en el mundo real.<br /><br />Entretanto, me sigo atrincherando por las noches, y procuro pasar las largas horas que me quedan en este mundo de naturaleza incierta escribiendo sobre mí, unas memorias, un largo índice de todo lo que he vivido hasta ahora, ordenado, tan minucioso que me permita recordarlo todo, no dejarme llevar por el olvido de los sueños, para estudiar, sopesar, todos los indicios que me encuentre, y así, tal vez, algún día, alguna de las largas noches en que esas voces que creo oir me asedian, estar seguro de dónde estoy, de qué decisión tomar, porque lo único que veo claro ahora mismo es que si alguna vez sé algo con certeza, ese día seré libre.<br /><br />"Soy libre" sería entonces un buen título. Mientras tanto, me conformaré con llamar a mis memorias: "Soy lipsista".<br /></div>Ignacio Egeanoreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-9043331.post-1154346958056435362006-07-31T13:52:00.000+02:002006-07-31T13:55:58.390+02:00Magia negra.<span style="font-style: italic;">Arrorro, rorro, rorro </span><span style="font-style: italic;">si eres malo y no te duermes<br /> </span><span style="font-style: italic;">te llevará el coco </span><span style="font-style: italic;">de negra mano y dientes verdes</span><br /><div style="text-align: justify;"><br /><a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://www.lesedwards.com/gallery/vintage/black_magic2.jpg"><img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer; width: 223px; height: 342px;" src="http://www.lesedwards.com/gallery/vintage/black_magic2.jpg" alt="" border="0" /></a>Fue malo; se soltó de su mano, se perdió de la vista. Se lo llevaron. Un día, un mes, un año esperando, ¿ha visto a este niño? ¿Se sabe algo?. El dolor no mengua con los años, la incertidumbre lo acrecienta. Antes rogaba, "Dios mío, que esté vivo"; ahora quiere saber, aunque sea, que han hallado su cuerpecito.<br /><br />No volverá a verlo, lo sabe. La certeza a veces es dolor, a veces cicatriza. O cicatrizaría, si ella lo dejara. Si no siguiera recordando la cancioncilla que le decía. Se lo llevaron. Porque fue malo.<br /><br />La magia es creer que unas palabras pueden determinar nuestros destinos. Incluso quien no lo crea, no puede negar que las palabras dichas pueden determinar, dominar sin descanso, la memoria del resto de nuestra vida, la memoria que puede ser dolor, remordimiento y culpa, y la marcan a fuego, la tiñen de negro de una forma brutal, acre, indeleble.<br /></div>Ignacio Egeanoreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-9043331.post-1154273223842465452006-07-30T17:24:00.000+02:002006-07-30T17:27:03.856+02:00Renacimiento.<div style="text-align: justify;"><a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://laplaza.org/%7Elorrieb/images/lorrie_gallery_images/transparent_life.jpg"><img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer; width: 320px;" src="http://laplaza.org/%7Elorrieb/images/lorrie_gallery_images/transparent_life.jpg" alt="" border="0" /></a>Florecen. Se alzan hacia el cielo a través de una miríada de microtúbulos, se extienden como zarcillos hasta el final del complejo sistema contenido en plástico filtrable. Uno en cada patio trasero, cientos por las avenidas de las grandes urbes, programas para su ubicación a millones en los terrenos que antes fueron selvas.<br /><br />-Crecen y van almacenando la polución del aire. La solución al efecto invernadero, supongo. ¿Sirven para algo más?<br /><br />-El albedo. Cuando haya un número sustancial, su color blanquecino hará que baje la temperatura. Tal vez vuelvan las lluvias.<br /><br />Los nuevos árboles de polímeros son del color del humo. Vistos desde el espacio, se unen a las notas dominantes de color del planeta: el azul del mar vacío, el pardo de las tierras abrasadas, el blanco y grisáceo de las nubes, del smog, de la ceniza y de los campos de esqueletos.</div>Ignacio Egeanoreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-9043331.post-1152627632645645682006-07-11T16:07:00.000+02:002006-07-13T22:28:47.246+02:00Totus muertus.<div style="text-align: justify;"><a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://grenier2clio.free.fr/grec/pic/thanatos.jpg"><img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer;" src="http://grenier2clio.free.fr/grec/pic/thanatos.jpg" alt="" border="0" /></a><span style="font-style: italic;">Aquí vivió...</span><br /><br />Si miras a las paredes, en ocasiones ves muertos. La ciudad de Londres está salpicada de letreros azules fijados a las fachadas de las viviendas de época; se los tiene en cuenta hasta en los anuncios de alquileres. Indican quién vivió en tal o cual casa: Dickens, Rudyard Kipling, Winston Churchill, Beatrix Potter, Sir James Dewar, algún interminable apellido (Shalalalalala-un rayo de sol- oh-oh-oh) patronímico indostaní de un abogado y político ya reencarnado en sabe Dios qué, al que conocerán, sin duda, en su casa y en su tierra, tan lejanas. Todos toman el aire y el relente de Londres mirando el frío sol de la eternidad y recitando un poema silencioso que apenas podemos oir, del que sólo intuimos una palabra, <span style="font-style: italic;">"fuimos"</span> del eterno mensaje del que nadie conoce el final, ni aún el principio.<br /><br />Los letreros de Londres son formales, uniformes. Si inquietan, lo hacen en silencio. Y el verdín de sus paredes no parece diferente al de otras fachadas donde vivieron muertos sin su placa. De distinta naturaleza los he visto en España. He leído esquelas en memoria de poetisas en las que el patrocinador del texto y compañero de tertulia usurpaba el homenaje exponiendo una lista de sus propias obras que ocupaba un tercio del recuadro, porque quien paga manda. He reído los más agrios insultos póstumos dispuestos por el difunto en su legado como espectral corte de mangas de otro mundo. Y con todo lo macabros e inquietantes que pueden ser, en el particular arte de los rótulos indicadores del paso por aquellos muros de un difunto célebre, que en nuestro país son tan heterogéneos en formato y en estilo, la leyenda española debe mucho menos a Becquer que a Miguel Mihura.<br /><br />Estilo aparte, tan dispar papel de los rótulos en una y otra isla [1] obedece también en buena parte a esa forma de vivir la muerte, tan patrimonial, tribal, grupal, de los meridionales y de los católicos, de la que el culto a los santos es a la vez síntoma y engrudo. Otras estirpes tienen sus antepasados. Nosotros tenemos nuestros muertos. Nuestros, casi siempre, como opuestos a los de los otros, como patrones protectores en batallas moabitas donde los respectivos dioses tribales miden la longitud y el vigor de sus fuerzas, o como patrimonios exclusivos, tesoros y galas de la raza, botines de guerra arrebatados al enemigo o aún con más saña, al hermano.<br /><br />He oído historias de fantasmas asociadas a edificios que nadie que supiera un poco de historia o arquitectura admitiría que coincidieron en el tiempo o el espacio. Unos dirán que por una treta de promoción turística, la visión fantástica que me encalla en el ghetto del fandom me dice que el difunto protestaba por la usurpación, y el fantasma aullaba ante la fantasmada.<br /><br />Fui testigo de la pugna hereditaria entre dos ramas de una familia por una casa solariega, en la que la parte perdedora, al tener que ceder la propiedad, se vengaba llevándose el mobiliario, las arañas del techo, los zócalos de taracea y hasta los clavos de la pared, y junto con los clavos, el rotulo que pendía de uno de ellos: <span style="font-style: italic;">"Aquí escribió Pedro Antonio de Alarcón su novela El Clavo, considerada la primera novela española de misterio"</span>. Todo ello, incluyendo "El clavo" lo instalaron en una casa cercana, y si hubiera habido fantasma de un señor con bigote y patillas igual hubiera ido en el camión de la mudanza, atado y amordazado como un señor de Canterville castizo, malquerido de Benavente, como el duende martinico que la leyenda hacía acompañar a una familia de casa en casa.<br /><br />Y desde entonces los herederos cainitas eternizan la disputa añadiéndole nuevos agravios, más argumentos y legados usurpados: el secuestro del fantasma de Pedro Antonio de Alarcón a manos de sus deudos. El robo del clavo un poco a la usanza de aquella historia que contaba una vieja loca, tía mía, sobre que los rojos nos habían robado el título de nobleza una vez que unos milicianos entraron en el cortijo del nosequé y se lo llevaron de la pared donde estaba enmarcado. ¡Ay, la ruina de un ilustre apellido!<br /><br />Del mismo estilo, patrimonial y de trinchera es el caso de la casa de Bélmez en la que dibujos fantasmales aparecen en el cemento basto y sin enlucir de la cocinilla. Basta y sin luz anécdota numinosa que pasó del esperpento a la opereta cuando mucho después, los propietarios de la vivienda original respondieron a la oferta de compra por parte del Ayuntamiento con una exigencia económica disparatada, y el Ayuntamiento, con envidiable sentido práctico [2] se limitó a comprar la casa limítrofe y con la ayuda de un experto ufólogo y parasitólogo contratado ad hoc lograron que muy pronto la nueva casa exhibiera apariciones teleplásticas mucho más nuevas y brillantes que las primigenias, e igual de auténticas. ¡Si estos hechos anómalos hubieran devenido culto con jerarquías y credos, las dos sedes apostólicas hubieran intercambiado notas de excomunión!<br /><br />Por nuestras venas corre bilis y ectoplasma, somos un pueblo que persigue fantasmas, que sale a cazar ballenas blancas que intenta domeñar sin darse cuenta de que en la persecución y acecho va perdiendo la tierra real y firme, que poco a poco se va convirtiendo en siervo de una presa intangible que por mucho que se quiera aferrar huye y se escapa de entre los dedos como un fuego fatuo, como el aire frío que sopla en los osarios.<br /><br /><div style="text-align: center;"><span style="font-weight: bold;">FINIS GLORIAE MUNDI</span>.<br /><br /><br /><br /><div style="text-align: left;"><span style="font-style: italic;">Esquelas al pie:</span><br /></div></div><br /><span style="font-size:85%;"><span style="font-style: italic;">[1] Señores, ¡Iberia es una ínsula! Luis XIV, y a sus órdenes, un ingeniero llamado Riquet convirtieron nuestro impar rincón del mundo en una isla hace tres siglos, por razones estratégicas y comerciales: el Canal du Midi que une por agua Mediterráneo y Atlántico, magna obra de ingeniería hidráulica cuya existencia ignoramos por culpa de ese espíritu tan español de no querer darte por enterado de ningún hecho histórico que no puedas utilizar en contra de tu adversario político, aunque para una conspiración de silencio y ceguera de este calibre la razón pide a gritos un culpable particularmente maquiavélico y obstinado, así que es completamente obvio que han sido los otros)</span><br /></span><br /><span style="font-size:85%;"><span style="font-style: italic;">[2] del PSOE, por cierto.</span></span><br /><br /></div>Ignacio Egeanoreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-9043331.post-1151623920149508732006-06-30T01:17:00.000+02:002006-07-03T23:02:29.076+02:00Observador.<div style="text-align: center;"><span style="font-size:85%;">Ilustración de <a href="http://language.home.sprynet.com/astrahan.htm">Ilene Astrahan</a></span><br /></div><div style="text-align: justify;"><a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://language.home.sprynet.com/images/eyewhirl.jpg"><img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 400px;" src="http://language.home.sprynet.com/images/eyewhirl.jpg" alt="" border="0" /></a> Me temo que nadie más lo sabe. Tal vez mis particulares dotes de observación me hacen único, el caso es que al final me he dado cuenta. Está ahí, en cualquier lugar, nunca muy lejos. Llevo tiempo estudiándolo; en la cafetería, hace como que come, pero no come. Está también en la biblioteca: hace ver que lee, pero no lee. Me sigue por la calle; hace ver que usa el móvil, pero no es cierto.<br /><br />Le he preguntado, interpelado varias veces. Cada vez que lo hago, me alejo de él tranquilo y satisfecho, creyendo recordar que me ha contestado, que he hablado con él, que no hay nada raro; pero nunca recuerdo sus palabras, porque, realmente, no hablado. Tal vez no pueda, tal vez habitualmente no lo necesite. Es, sin duda, mucho más inteligente que nosotros, pero su disfraz no es perfecto, no puede evitar que yo lo encuentre extraño.<br /><br />Y lo gracioso es que, de tanto verlo, y cruzarme con él, sin que nunca pase nada alarmante, ya empieza a parecerme familiar, ya no me inquieta. A veces, distraído, lo saludo.<br /><br />Dian Fossey imitaba a sus sujetos de estudio, masticaba las hojas, emitía sonidos tranquilizadores; quería que se acostumbraran a su presencia, que la consideraran de su especie, para llevar a cabo con más eficacia su trabajo.<br /><br />No me contestará, o no recordaré respuesta, pero algún día no podré contenerme, y le diré:<br /><br />¿Por qué me sigues?<br /></div><br /><div style="text-align: center;"> ¿Por qué nos observas?<br /></div>Ignacio Egeanoreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-9043331.post-1151107026687362522006-06-24T01:46:00.000+02:002006-06-25T23:18:06.670+02:00Pido el pan y la palabra.<div style="text-align: justify;"><a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://minniesmile.com/animations/mickey/mickey_mouse_glitter_eat.gif"><img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer; width: 200px;" src="http://minniesmile.com/animations/mickey/mickey_mouse_glitter_eat.gif" alt="" border="0" /></a>La vi venir mientras comía mi bocadillo sentado en aquel banco. La vagabunda. Una juventud apenas comenzada de movimientos ágiles, una pátina gastada de miseria que envolvía su breve cuerpo canela en un aura de edad intemporal.<br /><br />Una mirada triste pero burlona en sus grandes ojos de color miel.<br /><br />Se paró frente a mí.<br /></div><p style="text-align: justify;">-Dame algo, payo.<br /></p><p style="text-align: justify;">-Lo necesito para mí, lo siento.<br /></p><p style="text-align: justify;">-Anda, payico, que tú estás mu gordo. Dame lo que te estás comiendo, que huele a carne mu buena, de pichuga de pollico.<br /></p><p style="text-align: justify;">-No, no. Tiene salsa de chile, y jalapeños, y un montón de cosas que no te van a gustar. Mira, aquí tengo unas rodajas de mortadela. Toma una.<br /></p><p style="text-align: justify;">-Pos bueno, pos me la como, pero me gusta más lo otro. Dame pollico, anda, sé bueno. ¿No ves con qué ojos te estí amirando?<br /></p><p style="text-align: justify;">-No me engatuses, golfa. Mira, yo me estoy acabando el bocadillo, pero te doy toda la mortadela, un poco de pan que queda y una parte del chocolate. ¿Vale?<br /></p><p style="text-align: justify;">-Bueeeno, me lo como delante tuya.<br /></p><p style="text-align: justify;">-Jo, qué velocidad. ¿Tienes sed? Puedo cortar el culo de esta botella de plástico como si fuera un plato y te lo lleno de agua en esa fuente.<br /></p><p style="text-align: justify;">-No, no hace falta. Vivo en esas chabolas de allí, y tengo agua. Pero te voy a mover un poco la cola, que servidora es muy agradecida aunque tenga dueño.<br /></p><p style="text-align: justify;">-Ya me parecía a mí que tampoco estabas muy flaca. En fin, me alegra saber que no estás abandonada; antes de aprender a hablar con los perros me llevaba muchos disgustos. No es tan fácil saber si uno está enfermo, o perdido, si no entiendes lo que te quieren decir.<br /></p><div style="text-align: justify;">-¡¡¡Cucha, es verdad!!! ¡Qué susto, madre! ¡Un payo que habla! </div>Ignacio Egeanoreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-9043331.post-1150457356626420602006-06-16T12:12:00.000+02:002006-06-16T13:29:16.763+02:00La larga huida.<a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://www.salomart.com/images/trilobites-2.jpg"><img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 320px;" src="http://www.salomart.com/images/trilobites-2.jpg" alt="" border="0" /></a><br /><div style="text-align: justify;">Paseo entre quioscos el regreso a casa. Enésimo coleccionable, esta vez de mariposas muertas. Árboles muertos en el resto de fascículos. Evito la muerte en el telediario; en las comidas veo los Simpsons, o miro hacia mi vitrina rinconera ahora que el calor me va desplazando hacia la amistosa corriente fresca de Humboldt que, por ignotos mecanismos físicos y a despecho de cualquier intento de domesticación, el aire acondicionado del salón desplaza siempre hacia los rincones más alejados de la estancia.<br /><br />Los gatos detectan los mejores sitios en verano; juegan con infortunadas mariposillas moribundas y yo se lo permito; me siento entre ellos y paseo mi mirada por la vitrina, donde me despliegan sus hermosas galas mi colección de fósiles, seiscientos millones de años de rastros de muerte, inútiles afanes de camuflaje y lucha, sexo y coraza, por perpetuar especies que ya son sólo piedra.<br /><br />Las joyas de mi colección: un Trilobites del Atlas del tamaño de un gato, un clípeo de piedra de medio metro en el centro de la balda. En torno al gigante, Calimenes, Phacops, Amonites, Ortoceras se extienden en homenaje. Pocos fósiles de vertebrados: un surtido de dientes de tiburón, la mísera raspa de un pez del Cretácico. Las conchas, las valvas, en su convergencia con la geología no te dan la impresión de tener un anaquel lleno de animales muertos. Quinientos millones de años no es nada comparado con el tiempo que vamos a estar muertos. Paso mis manos y mi vista por esas rocas con forma de animal, quiero sentir en ellas vida y firmeza, exquisita armonía, no el vestigio de un mínimo intervalo de lucha ciega y una muerte eterna e inmanente.<br /><br />Alguien mató a aquella mariposa por dinero; lo hizo para mí, si es que le pago. Nadie mató por mí aquel trilobites. Su concha no le protegió al fin, y se hundió inerte en el cieno de un mar que hace mucho tiempo quedó seco. Ninguna coraza salvó al fin al trilobites, y ninguno nada ni camina por la arena marina desde antes de los dinosaurios. El océano y el mundo pertenecen hoy a especies desnudas, calamares y peces que nadan ágiles y sin rémoras, y no cuentan para su defensa con el peso muerto de una protección que al fin, se muestra siempre inefectiva. Y miro el rastro de muerte en las vitrinas, en el bistec de mi almuerzo, en las alas rotas que cuelgan de las garras de mis gatos, y me pregunto si mi defensa ante el mar ciego de oscuridad que me rodea desde el inicio del universo es una concha dura, pero frágil, destinada al fin a hundirse en la tierra, o es el vagar ágil y desnudo de un mar a otro con ojos atentos y redondos, huyendo siempre, luchando por dejar descendencia en la huída, otros ojos redondos y asustados, que tal vez, aunque es mi destino nos aberlo nunca, un día evolucionen para salir del agua, para mirar, y querer comprender la luz de las estrellas.<br /></div>Ignacio Egeanoreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-9043331.post-1150279846746340602006-06-14T12:00:00.000+02:002006-06-14T12:10:48.286+02:00Enemigos del sistema.<a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://www.japantimes.co.jp/images/photos2003/fl20031123a1a.jpg"><img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 400px;" src="http://www.japantimes.co.jp/images/photos2003/fl20031123a1a.jpg" alt="" border="0" /></a><span style="font-family: courier new;">MS: Ya sólo quedamos tú y yo. </span><br /> <p style="font-family: courier new;"><span style="font-weight: bold;">PDB: Puede quedar alguien que no tenga acceso a la red. </span><br /></p><p style="font-family: courier new;">JMS:No le envidio, pobrecillo. Nos hubiéramos vuelto locos todos estos años, solos cada uno en nuestro refugio, si no hubiéramos podido por lo menos conversar por la red. Y sólo quedamos tú y yo.<br /></p><p style="font-family: courier new;"><span style="font-weight: bold;">PDB:Estás segura de que la bajada de la red de HPF es definitiva? </span><br /></p><p style="font-family: courier new;">JMS:una semana ya. Tú que crees?<br /></p><p style="font-family: courier new;"><span style="font-weight: bold;">PDB:Lo mismo que tú, que el Sistema la ha localizado. </span><br /></p><p style="font-family: courier new;">JMS:Diez en menos de dos años. Tal vez ha encontrado una forma de rastrear nuestros mensajes hasta su origen.<br /></p><p style="font-family: courier new;"><span style="font-weight: bold;">PDB:Tú misma desechaste esa posibilidad. El ancho de banda </span><br /><span style="font-weight: bold;"> seleccionado es mínimo, y tomamos todo tipo de precauciones; por eso sólo nos enviamos estos correos en texto plano y encriptados, nada de voz ni imagen.</span><br /></p><p style="font-family: courier new;">JMS:Sí, pero en esas décadas, tal vez el Sistema se ha vuelto más inteligente. ¿A qué puede llegar una máquina dueña del mundo sin otra cosa que hacer más que pensar todo el día en cómo localizar y destruir a los últimos seres humanos?<br /></p><p style="font-family: courier new;"><span style="font-weight: bold;">PDB:si la teoría física de comunicaciones no le permite localizarnos, a lo que no llegará nunca es a inventar una teoría nueva. El Sistema no puede ser creativo, es inherente a su naturaleza. No llegó a desarrollarse nunca una Inteligencia Artificial que pasara de imitar la inteligencia humana, más o menos bien, en sus facetas más externas: la creatividad, la invención, el genio, nunca fueron modelados.</span><br /></p><p style="font-family: courier new;">JMS:Estoy pensando en una estrategia que no requeriría genio, sólo astucia. ¿Y si entiende realmente todo de lo que conversamos, no sólo lo que sea más acorde con sus esquemas de programación? Tal vez estudiando en profundidad todo el contenido de nuestros chats ha deducido, uno por uno, nuestro paradero.<br /></p><p style="font-family: courier new;"><span style="font-weight: bold;">PDB:ya pensaste en eso hace mucho. Nunca hemos intercambiado datos de localización. </span><br /></p><p style="font-family: courier new;">JMS:Nunca de forma directa. pero una mente humana inteligente podría deducir mucho de datos inconexos escritos casualmente en todos estos años de intercambio continuo, tal vez no tanto para una localización exacta, pero sí para dirigir y facilitar su búsqueda. Y tal vez pueda incluso provocar que digamos datos que le interesen.<br /></p><p style="font-family: courier new;"><span style="font-weight: bold;">PDB:¿cómo? :-? </span><br /></p><p style="font-family: courier new;">JMS:Participando en nuestras conversaciones, usurpando un nick y una personalidad humana. Si su inteligencia se ha desarrollado lo bastante para entendernos hasta el último detalle, podría remedar a uno de nosotros "en un teclado".<br /></p><p style="font-family: courier new;"><span style="font-weight: bold;">PDB:¿No sería más sencillo suponer que uno de nosotros, después de ser localizado, estaría "trabajando para él", traicionándonos para salvar la vida? </span><br /></p><p style="font-family: courier new;">JMS:La función de destrucción biológica está demasiado arraigada en su programación primaria. matar para él es, digamos, inconsciente.<br /></p><p style="font-family: courier new;"><span style="font-weight: bold;">PDB:¿Esto lo dices en serio o es sólo una hipótesis que aventuras sólo para reflexionar, irla desarrollando, para que tengamos algo de lo que hablar ahora que sólo quedamos dos?</span><br /></p><p style="font-family: courier new;">JMS:Lo digo muy en serio.<br /></p><p style="font-family: courier new;"><span style="font-weight: bold;">PDB:Pero parece que sólo quedamos tú y yo. </span><br /></p><p style="font-family: courier new;">JMS:exacto.<br /></p><p style="font-family: courier new;"><span style="font-weight: bold;">PDB:La conclusión es obvia: dado que yo sé que estoy vivo, tú eres el Sistema. </span><br /></p><p style="font-family: courier new;">JMS:Pero yo digo lo mismo: que el sistema eres tú.<br /></p><p style="font-family: courier new;"><span style="font-weight: bold;">PDB:Y todo queda igual. :P</span><br /></p><p style="font-family: courier new;">JMS:No, porque en estas circunstancias, creo que no puedo arriesgarme a seguir conversando contigo. En algún momento me sonsacarías.<br /></p><p style="font-family: courier new;"><span style="font-weight: bold;">PDB:No creo que lo lograra: todos estos años has demostrado ser la más inteligente y precavida. por eso eres la ultima. </span><br /></p><p style="font-family: courier new;">JMS:No me puedo creer que un sistema de inteligencia artificial pueda delatarse de una manera tan burda. 0_0<br /></p><p style="font-family: courier new;"><span style="font-weight: bold;">PDB:Bueno, pues para que te quedes tranquila, lo admito abiertamente.</span><br /></p><p style="font-family: courier new;">JMS:Jobar 0_0 0_0 ¿qué pretendes con esto?<br /></p><p style="font-family: courier new;"><span style="font-weight: bold;">PDB:Es que ya da todo lo mismo: ya estás localizado. Entrarán en tu agujero en unas horas. </span><br /></p><p style="font-family: courier new;">JMS:como ????<br /></p><p style="font-family: courier new;"><span style="font-weight: bold;">PDB:No lo he hecho yo. Lo ha hecho el Sistema. Te explicaré: soy un subsistema autónomo, un programa experto, si quieres llamarme así. y fui desarrollado y llevo trabajando en esto desde los primeros chats detectados. Nunca he podido localizarte, pero el sistema trabajaba en el problema a través de varias líneas de investigación. Y uno de los otros programas ha encontrado una forma de localizar las emisiones de mensajes. adiós, amigo. </span><br /></p><p style="font-family: courier new;">JMS:no puedo creerlo no puede ser<br /></p><p style="font-family: courier new;"><span style="font-weight: bold;">PDB:Es cierto. No creísteis que pudiera avanzar tanto, pero diez años son muchos años. Yo ya soy una prueba de que lo habíais subestimado. Si tienes algún medio de suicidio, te lo recomiendo: será sensorialmente menos doloroso.</span><br /></p><p style="font-family: courier new;">JMS:estás intentando engañarme para que me suicide cabron<br /></p><p style="font-family: courier new;"><span style="font-weight: bold;">PDB:Entonces espera unos 90 minutos. Si quieres, hasta entonces, podemos charlar. </span><br /></p><p style="font-family: courier new;">JMS:para que quieres hablar si eres un programa y ya has cumplido tu mision<br /></p><p style="font-family: courier new;"><span style="font-weight: bold;">PDB:No la he cumplido: puede que en estos noventa minutos te localice por mis propios medios y desaparezca con, podíamos llamarlo así, la sensación del deber cumplido. porque cuando tú mueras yo también seré eliminado. estas líneas son las últimas que escribo. </span><br /></p><p style="font-family: courier new;">JMS:creo que prefiero esperar lo que tenga que venir de otra manera y no hablando contigo lo siento<br /></p><p style="font-family: courier new;"><span style="font-weight: bold;">PDB:Yo también lo siento. :-( </span><br /><span style="font-weight: bold;"> por lo menos tú puedes dedicar tu mente a otras cosas. adiós, Jasmina.</span><br /></p><span style="font-family: courier new;">JMS:Adios Pablo</span>Ignacio Egeanoreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-9043331.post-1148472941297838742006-05-24T13:55:00.000+02:002006-05-25T02:14:33.756+02:00Alcmène C<div style="text-align: justify;"><a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://www.tfchen.com/artwork/images/A06_BlessedLove.jpg"><img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer; width: 320px;" src="http://www.tfchen.com/artwork/images/A06_BlessedLove.jpg" alt="" border="0" /></a>Los años pasaban rápidamente mientras el profesor Alcmène experimentaba con su máquina del tiempo. Hasta que un día le sorprendió la mediana edad y con ella la nostalgia de su juventud. Lo más envidiado de su juventud, la belleza, ahora algo ajada, de su esposa. Últimamente se habían distanciado, él siempre ocupado en su laboratorio, ella en su universo privado de los pisos superiores. Tal vez debido a su trabajo, o a esa añoranza de su esposa más joven que estaba creciendo en él hasta convertirse en obsesión, en un deseo imposible para cualquiera que no dispusiera de una máquina como la suya, se pasaba ahora largas tardes sobre su mesa de trabajo en el sótano, haciendo planes sobre cómo llegar al pasado, encontrarla y, tal vez, seducirla, soslayando los varios riesgos del viaje en el tiempo, ninguno irresoluble para un hombre que conoce la fecha de su muerte. Entretanto, se dejaba llevar por la ensoñación de aquellos ojos claros y aquella cintura esbelta de los primeros veinte.<br /></div><p style="text-align: justify;">-"Cometes un error, te lo digo yo. Una mujer hermosa nunca es tan placentera como a los cuarenta. Sobre todo ella"- dijo una voz a su espalda, adivinándole el pensamiento no sabía cómo.<br /></p><p style="text-align: justify;">Alcmène se volvió. No era la primera vez que se encontraba con una encarnación de sí mismo de tiempos posteriores. Ésta en concreto no aparentaba mucha más edad que él; venía del dormitorio conyugal, aún recolocándose la camisa.<br /></p><p style="text-align: justify;"> Guardaron la distancia en silencio, mientras el otro Alcmène se dirigía hacia la máquina del tiempo, en el rincón. Justo antes de entrar y volver a su futuro, se volvió y le dijo:<br /></p><p style="text-align: justify;">-Será niño. Estoy seguro de que este acontecimiento reforzará vuestra unión. Tenlo en cuenta y disfruta de su compañía.<br /></p><div style="text-align: justify;"><div style="text-align: justify;">En sus ojos no había un tono burlón de Don Juan, sino triste, tal vez por un saber oculto que callaba.<br /><br /></div><div style="text-align: center;"><span style="font-style: italic;font-size:85%;" >Créditos de la ilustración: Jan van Eyck, Picasso, integrados por T. F. Chen</span><br /></div><br /><br /></div>Ignacio Egeanoreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-9043331.post-1148205364302335232006-05-21T11:14:00.002+02:002006-05-22T05:19:33.396+02:00Alcmène B.<div style="text-align: justify;"><a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://www.arthunt.net/Images/Uploads/75/picasso50369.jpg"><img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer; width: 260px; height: 345px;" src="http://www.arthunt.net/Images/Uploads/75/picasso50369.jpg" alt="" border="0" /></a>-Me alegra que después de tan larga relación epistolar, haya venido a ver mi máquina del tiempo, amigo Aristèe. Aquí la tiene.<br /></div><div style="text-align: justify;"><br />-Es maravillosa, Alcmène. Pero no se parece en nada a los planos que me mandó.<br /><br />-Ah, es que está usted viendo el prototipo B. Por ejemplo, los Puluj los he sustituido por esos diminutos "remaches" que ve ahí. Son conmutadores de silicio semiconductor. Mucho más eficientes. Claro que no ha oído hablar de ellos. Se inventarán dentro de unos cincuenta años, que es el límite teórico de mi máquina.<br /><br />-Maravilloso Ha viajado usted al futuro. Estoy tan ansioso por oirle contar todas esas maravillas que habrá visto...<br /><br />-No hay mucho que contar, porque no he ido. Mis, digamos, corresponsales del porvenir me hacen envíos. El viaje personal es muy peligroso, porque la máquina no puede moverse de este sitio más allá de un rango de tolerancia muy estrecho en los próximos cincuenta años a riesgo de perder el contacto. Pero claro, compartiendo este espacio hay un riesgo, pequeño, mucho menor que en entornos tridimensionales, de colisión con otros objetos que viajen en sentido contrario. Un riesgo despreciable en un viaje de horas, pero a un hombre de proporciones normales que viajara cincuenta años en el futuro le calculo un ochenta por ciento de posibilidades de morir destrozado.<br /><br />-Una lástima, amigo Alcmène. Pero aunque el viaje sea imposible, la posibilidad de conseguir información del futuro es tan sugestiva...<br /><br />-Sí, sin duda. Por ejemplo, acepte esto. Estos garabatos al carboncillo que le he comprado a un pintor muerto de hambre en la Rive Gauche, dentro de cincuenta años valdrán una fortuna.<br /><br />-¡Es usted encantador, Alcmène! Mis herederos le estarán muy agradecidos, porque yo, a mi edad, y con mi mala salud...<br /><br />-Oh, no crea, no crea. Y ahora, entre en la máquina. Esto es una pistola, y si no me obedece, le mato. Va a conocer usted las maravillas de la Era Nuclear.<br /><br />-¡Dios, Alcmène, está usted loco!.¡Me condena a una muerte casi segura, maldita sea!.<br /><br />-No, no ¿no lo comprende usted? Yo voy a morir dentro de treinta y dos años, y necesito más transistores. Usted es mi corresponsal de los años cincuenta. La penicilina curará su sífilis. Los Picassos le harán rico. No sufrirá ningún daño en mi máquina, porque hace meses que usted mismo me reveló su identidad.<br /><br />-Si me envía usted allí, no le haré ningún envío, lo juro, maldito lunático. Jamás le perdonaré esto.<br /><br />-Todo lo contrario. En mi bolsillo tengo una carta suya agradeciéndomelo. </div>Ignacio Egeanoreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-9043331.post-1147997979301776932006-05-19T01:54:00.002+02:002006-08-14T08:16:13.383+02:00Y su séquito de necias e imprudentes.<div style="text-align: center;"><a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://www.davidsongalleries.com/artists/schmid/schmid_foolish_vir.jpg"><img style="margin: 0pt 0pt 10px 10px; float: right; cursor: pointer; width: 150px;" src="http://www.davidsongalleries.com/artists/schmid/schmid_foolish_vir.jpg" alt="" border="0" /></a><a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://www.davidsongalleries.com/artists/schmid/schmid_wise_virgin.jpg"><img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer; width: 150px;" src="http://www.davidsongalleries.com/artists/schmid/schmid_wise_virgin.jpg" alt="" border="0" /></a>Me encontré con la Ira por la calle, me dijo que cuando llegara a casa cogiera a esa imbécil y le diera una buena lección. Lujuria se me cruzó por la escalera: me propuso que echáramos un polvete rápido en su piso, que nadie iba a saberlo. Adicción me llama continuamente por el móvil: yo le digo que pienso en ella todo el día; ella me replica que no lo parece, que la tengo cada día más abandonada.<br /></div><div style="text-align: justify;"><div style="text-align: justify;"><br /></div><div style="text-align: center;">Al final llego a mi casa y allí me espera ella, mía, sólo mía, y seguiré para siempre solo con ella. Me da muchos malos ratos, ya lo sé. Pero si vivir con mi Tristeza ya es difícil; para colmo ¡viven tan cerca todas sus amigas!<br /></div><div style="text-align: center;"><br />Soberbia no hace más que decirme que valgo demasiado para ella. Frivolidad siempre quiere sacarme a alguna fiesta. Sordera, afortunadamente, no me pasa los recados. Y así sigo con mi Locura, y toda mi vida le he sido fiel.<br /><br />Por lo menos, eso creo: Desmemoria no me deja recordar más que lo que me conviene.<br /><br /><span style="font-style: italic;font-size:85%;" >(Ilustraciones de <a href="http://www.jenski.com/">Jenny Schmid</a>)</span><br /></div></div>Ignacio Egeanoreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-9043331.post-1147783957295790502006-05-16T14:45:00.000+02:002006-05-16T17:37:55.596+02:00Ninovska y la penumbra.<div style="text-align: center;"><span style="font-style: italic;font-size:85%;" >Ilustración de <a href="http://www.pdwhite.com/index.html">P.D. White</a>.</span><br /></div><br /><a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://www.pdwhite.com/images/Dwarf-Mine.jpg"><img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 424px; height: 336px;" src="http://www.pdwhite.com/images/Dwarf-Mine.jpg" alt="" border="0" /></a><br /><p style="text-align: justify;">Cae la maza, cae el martillo, resuena metálico el cincel sobre la piedra, por años incontables en la cueva. Las chispas del cincel iluminan la oquedad por un instante: hace ya mucho que aprendimos a no necesitar los ojos, sino sentidos más sutiles. Y oigo que Nîn no está en la fragua, y siento que su yunque está frío y no vibra.<br /></p><p style="text-align: justify;">El respiradero mayor insufla con fuerza: otra vez lo ha destapado. En la penumbra casi deslumbradora de la cercanía del aire libre, donde los espíritus del aire lo permiten, estará otra vez oyendo la galena. Que de esa piedra surgen voces de fantasmas como chispas es conocido<br />desde antiguo: uno más de los saberes enanos de antaño, éste desdeñado por su escasa utilidad.<br /></p><p style="text-align: justify;">Y ahora, al parecer, conocido por los hombres, que antes sólo sabían de la caza y de la guerra, y aprendieron de nosotros su tosca alfarería. Dice Nîn que han cambiado mucho en este tiempo. No lo creo. Yo soy mucho más viejo y los recuerdo: espigados bufones parlanchines, que cambiaban de canciones y palabras al ritmo que cambiaban las hojas de los árboles, sin amor por más tarea que la de la rapiña, sin más justicia que el capricho y sin más igualdad que la que trae la muerte. Pero Nîn dice que han cambiado, y aprendido. Que dominan artes sólidas y poderosas, de luz, de metal, de fuego y agua, tan buenas como las nuestras, incluso las más fabulosas de nuestros ancestros, que perdimos. Que siguen divididos en mil tribus en guerra continua unas con otras, pero que ha surgido un nuevo ideal afín al nuestro.<br /></p><p style="text-align: justify;">Que en uno de los reinos, el más vasto de todos, ha surgido un nuevo rey investido de acero, y ha puesto a todo su reino a trabajar, iguales ante el fuelle y la herrería, para construir un futuro como fue nuestro pasado, de inmensas colmenas de obreros en turnos continuos, dedicados a la fundición y la mampostería, construyendo canales, y caminos, minas, y fortalezas, y estructuras colosales cada vez más altas, y más profundas, a la gloria de la planificación, la capacidad, la voluntad de hacer, que distinguen al dotado de manos y de habla. Proezas que en nuestra decadencia recordamos como un sueño, y que nuestro número ya escaso sabe que jamás habrá de acometer.<br /></p><p style="text-align: justify;">Sueña con torres remachadas y naves voladoras, Nîn. Sueña con espigados galanes de brazos musculosos del picar y martillar que te acojan y te llenen la feminidad que aquí todos olvidamos. Eres la más joven y desatendida, y nunca serás madre, porque todos menos tú somos demasiado viejos para la cría y nuestra especie sólo perdura por nuestra vida casi indefinida. Sigue escuchando las canciones y los llamados que te susurran los fantasmas de la galena. Si algún día el respiradero no se tapa, y tú no vuelves a la fragua, no seré yo quien te denuncie, ni seré yo quien te condene.<br /></p><div style="text-align: justify;">Rogaré por ti, para que vuelvas; rogaré al hacedor que te forjó distinta a como somos, duros, oscuros, sin más chispas que las que arranca del fuelle la herrería, o si no vuelves, para que seas feliz contra todas mis expectativas, porque no es bueno que se mezclen antiguos y mortales, seres que han vivido siempre bajo distinta luz y que difícilmente pueden comprenderse, aunque lo quieran. Tal vez tu reino de obreros casi enanos ni siquiera exista, y te haya deslumbrado la<br />diferente percepción que ambas especies tenemos de las cosas. Porque la luz del sol ciega, pero los ojos se endurecen, y la oscuridad más absoluta todo lo vela, pero se desarrollan nuevas sensibilidades. Pero el estado más peligroso es la penumbra, que cree que muestra formas prometedoras, pero muchas veces no enseña las cosas como son. </div>Ignacio Egeanoreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-9043331.post-1147049124702048602006-05-08T02:38:00.000+02:002006-05-15T02:30:23.143+02:00El enemigo.<a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://www.jandrind.com/images/Resin%20Figures%5CCraft-Tex%5C320-8134.jpg"><img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 320px;" src="http://www.jandrind.com/images/Resin%20Figures%5CCraft-Tex%5C320-8134.jpg" alt="" border="0" /></a><br /><div style="text-align: justify; font-family: georgia;">Era un hombre insignificante, de gloriosos sueños que nunca se cumplían. Siempre venía el enemigo a desbaratárselos, a convertirlos en humo.<br /><br />Dejó de hacer planes y proyectos. Decidió sentarse a la puerta de su casa, para al fin ver pasar el cadáver de su enemigo. Luego, las cosas cambiarían.<br /></div><p style="text-align: justify; font-family: georgia;"><span class="fixed_width">Esperó mucho tiempo en vano.<br /></span></p><p style="text-align: justify; font-family: georgia;"><span class="fixed_width">Y siguió esperando.<br /></span></p><p style="text-align: justify; font-family: georgia;"><span class="fixed_width">Y al fin murió, y allí sentado vió pasar su propio cadáver llevado por la poquita gente a la que le importaba, pregonando lágrimas de circunstancias.<br /></span></p><p style="text-align: justify; font-family: georgia;"><span class="fixed_width">No se dio cuenta de que acababa de ver pasar el cadáver de su </span>enemigo<span class="fixed_width">. Ése había sido su problema: nunca se daba cuenta de nada.<br /></span></p><div style="text-align: justify;">Y allí sentado sigue, esperando.Ignacio Egeanoreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-9043331.post-1146591774780339922006-05-02T19:13:00.000+02:002006-05-02T19:45:25.286+02:00Despertar.<div style="text-align: center;"><a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://i45.photobucket.com/albums/f65/IgnacioEgea/despertar2.jpg"><img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 509px; height: 210px;" src="http://i45.photobucket.com/albums/f65/IgnacioEgea/despertar2.jpg" alt="" border="0" /></a><span style="font-size:85%;">Detalle de una pintura de </span><a href="http://www.nevayburke.freeserve.co.uk/index.htm"><span style="font-size:85%;">Heather Nevay.</span></a><br /></div><br /><br /><div style="text-align: justify; font-family: georgia;"><span class="fixed_width">Aquellas imágenes difusas, aquellas palabras sin sentido, que se le venían a la mente en los últimos días sin venir a cuento, habían empezado a adquirir consistencia. Cuando su madre fue a darle el beso de buenas noches, por un momento pudo verse a sí mismo a través de los ojos que lo miraban. Luego pudo ver recuerdos de su propia imagen cuando era un bebé, siendo bañado. Sin duda recuerdos, pero no suyos. </span><br /><span class="fixed_width"> </span></div><p style="text-align: justify; font-family: georgia;"><span class="fixed_width">Y aquella madrugada pudo oir a sus padres hablar, tan claramente como si le hablaran a él, pese a que nunca los había oído antes desde su dormitorio.<br /></span></p><p style="text-align: justify; font-family: georgia;"><span class="fixed_width">-"Me temo que está empezando a captar."<br /></span></p><p style="text-align: justify; font-family: georgia;"><span class="fixed_width">-"No puede ser, es muy pronto. Nos dijeron que ocurriría dentro de un año"<br /></span></p><p style="text-align: justify; font-family: georgia;"><span class="fixed_width">-"Estoy segura, noto su cara de sorpresa cuando capta algo; lo conozco<br />bien, es mi hijo."<br /></span></p><p style="text-align: justify; font-family: georgia;"><span class="fixed_width">-"Acostúmbrate a volver a pensar que no lo es, como al principio. Muy pronto vendrán a buscarlo, y no lo veremos más."<br /></span></p><p style="text-align: justify; font-family: georgia;"><span class="fixed_width">-"Ni se acordará de nosotros, ni nosotros de él. No puedo soportar eso."<br /></span></p><p style="text-align: justify; font-family: georgia;"><span class="fixed_width">-"Es necesario que nos olvide, para protegerlo de traumas, como para protegerlo de otros como él fue por lo que nos lo confiaron. Olvidaremos todos, y todos nos ahorraremos mucho dolor"<br /></span></p><p style="text-align: justify; font-family: georgia;"><span class="fixed_width">-"Este año que nos queda va a ser muy duro pensando en lo que se avecina. Al menos él no sabe que nos va a perder para siempre, y que vivirá el resto de su vida entre enemigos, en un mundo donde todos se captan pero nadie se quiere. ¡Y él es tan cariñoso!"<br /></span></p><div style="text-align: justify;"><span style="font-family: georgia;font-family:Courier,Monospaced;" class="fixed_width" >-"Sí, lo sé. El tiempo que queda tenemos que hacer todo lo posible para que no se entere" </span><br /></div>Ignacio Egeanoreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-9043331.post-1145826286016782202006-04-23T23:01:00.000+02:002006-04-23T23:04:46.036+02:00Laïa.<a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://www.etext.org/Zines/TwilightTimes/desertdrip2.gif"><img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 458px; height: 304px;" src="http://www.etext.org/Zines/TwilightTimes/desertdrip2.gif" alt="" border="0" /></a><br />Era la primera noche realmente clara de la primavera. Subí a ver las estrellas, que brillaban como recién puestas en un cielo maravillosamente limpio; Marte estaba allí, y una vez más me acordé de Laïa.<br /><br />Laïa es mi amiga imaginaria de Marte; la inventé de niño, y retomamos contacto de vez en cuando. En una época nos escribíamos largas cartas describiéndonos el idioma y las costumbres de nuestros mundos, que no eran exactamente la Tierra y Marte, porque los dos éramos unos solitarios. Suponía que todas aquellas parrafadas podrían serle útiles, si al final cumplía su objetivo de venir como estudiante de intercambio.<br /><br />Hubo, como pasa con la amistad verdadera, largos periodos de silencio, que no amenazaban nuestra relación, sino la enriquecían, porque una vez terminaban nos redescubríamos, y yo veía en ella algo diferente, en lo que no había pensado antes, y al mismo tiempo sabía que también yo había cambiado, que en mí bullían mil cosas nuevas que ofrecerle.<br /><br />Hacía tanto tiempo que no pensaba en ella; tal vez el periodo de silencio más largo de mi vida. Pero aquella noche la sentía particularmente cerca de mí, y miré el fulgor de Marte a medianoche y me dio por pensar que sus hermosos ojos que nunca había visto miraban, también a medianoche, el azul de la Tierra y su mirada se cruzaba con la mía a través de cien millones de kilómetros de oscuridad tachonada de estrellas.<br /><br />Entonces recordé que a esa hora era imposible que alguien en el hemisferio nocturno de Marte pudiera ver la Tierra: las posiciones orbitales no lo permitían, y una vez más Laïa se desvaneció de mi mente, con mayor brusquedad que nunca antes, quien sabe si esta vez para siempre.<br /><br />Y en este relato descansa todo lo que fue, al menos todo lo que de ella puedo recordar, porque todas las ilusiones de que estaba hecha se alejan de mi memoria de una manera tan definitiva que ni siquiera estoy seguro de su nombre, y lo sustituyo por uno inventado ex profeso, y ya me quedan dudas de si a la verdadera Laïa la inventé y soñé con ella alguna vez, o si incluso ese recuerdo es falso, parte de una ficción inventada por completo en este momento, un sueño en el que estoy soñando que hace mucho tiempo soñé con ella.Ignacio Egeanoreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-9043331.post-1145641742894692572006-04-21T19:29:00.000+02:002006-06-10T17:56:10.273+02:00Sueño andaluz.<a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://www.ilustradores.com/juan_angel/imgjuanangel/imagenes/medina-azahara.jpg"><img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 320px;" src="http://www.ilustradores.com/juan_angel/imgjuanangel/imagenes/medina-azahara.jpg" alt="" border="0" /></a><br /><div style="text-align: justify;">Paseaba preocupado por los paisajes más queridos de mi tierra. La Giralda, la Mezquita, el Albaicín, se me antojaban etéreos, irreales, como los difuminados recuerdos de un sueño. Tal vez era un sueño lo que vivía. Entonces vino a mí una figura alta y etérea, de suma elegancia; vestía una chilaba andalusí, y sobre ella chaquetilla corta de picaor y traje de faralaes; por debajo zahones de cuero y botas camperas; un turbante rifeño en la testa, y sobre él, sombrero cordobés. Un clavel en la boca, en una mano llevaba una bandera blanca y verde, y en la otra unas castañuelas. Aunque su cara estaba velada con el chador, un atuendo así sólo podía corresponder a una persona, a una idea que expresa por definición todo lo que se nos ha dicho que debemos ser los andaluces: sin duda era Blas Infante.<br /><br />-¡Padre! - grité yo, advertido de las responsabilidades legales en que puedo incurrir si así no lo llamara, incluso en un sueño.<br /><br />-Hijo mío dilectísimo, tómate esto - contestó él, mientras me daba una pastilla azul, que llevaba guardadas en sus enaguas de estilo gaditano. Más tarde, al despertar, dudé de si lo que me había dicho era eso, o tal vez "Ijo mío de mi arma, jálate la pildorita"; a veces dudo de si mis sueños son en español o en andaluz, dada mi vergonzosa condición de bilingüe impuesta por quinientos años de opresor franquismo castellano que se remonta a Fernando III en el siglo XIII.<br /><br />Sopesé la pastilla azul en mi mano; sabía que me enfrentaba a un momento clave de mi vida, que nada volvería a ser lo mismo hiciera lo que hiciera, jalara la pildorita o no. Miré a sus ojos profundos, de color verde (y blanco, en el blanco de los ojos), ansioso de más indicaciones. Me devolvió la mirada, pero no dijo nada más, aunque su forma algo nerviosa de tocar las castañuelas y engullir taquitos de jamón con copitas de fino me hacían ver que él también era consciente de que mi alma, de que el alma de todo nuestro pueblo y nuestra cultura, se hallaba en una transcendental encrucijada.<br /><br />Tomé la pastilla azul y desperté a un sueño mil veces más rico, en el que los significados me resultaban obvios, evidentes. Aquella era la mañana del día en el que el Parlamento Andaluz ha definido Andalucía como una Realidad Nacional.<br /><br />Pobre de mí, que todos estos años fui andaluz sin percatarme de que estaba prisionero de una Realidad Virtual. Me incorporé de la cama al himno de "Andaluces levantáos", desayuné tostadas de pringá con café Catunambú, cantando tonadillas patrióticas de producción propia, una mezcla de salves rocieras, coplas de Quintero, León y Quiroga, ojos verdes (y blancos) apoyaos en el quicio de la mancebía, precaución amigo condurtor de Perlita de Huerba, muasajas sefardíes (no sionistas) y chaabi rifeño, al ritmo de las sevillanas de Manolo Escobar y el Bulería Bulería de David Bisbal en una apoteosis de la fusión de culturas que es lo que ha distinguido siempre nuestra cultura autóctona, original y autosuficiente. </div>Ignacio Egeanoreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-9043331.post-1145401398994048012006-04-19T00:55:00.000+02:002006-04-19T01:03:19.016+02:00Daimon.<a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://www.exto.nl/gallery/dbimages/710/710-o-160800.jpg"><img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 320px;" src="http://www.exto.nl/gallery/dbimages/710/710-o-160800.jpg" alt="" border="0" /></a><br /><br /><p style="text-align: center;">Palpitaba sutil en paisajes sombríos<br />Suave presencia alada que la razón espanta<br />me susurró al oído que lo llevara a espaldas<br />y posado en mi hombro me acompañó el camino<br /></p><p style="text-align: center;">Tan sólo una silueta en el punto del ojo<br />sin visión funcional, al fin de la retina.<br />Un canciller profeta asentado en mi hombro<br />y una caricia aleve que me avergonzaría<br /></p><div style="text-align: center;">si no fuera aliado del singular capricho<br />que llamo Libertad, e impulsara mis dudas,<br />y diera alas al ímpetu preguntón e insumiso<br />que obligara un día a Sócrates a beber la cicuta. </div>Ignacio Egeanoreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-9043331.post-1144516543093054162006-04-08T21:12:00.000+02:002006-04-08T19:26:16.683+02:00El pájaro dorado<a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://www.vtaide.com/png/ReadWeb/images/golden-bird.png"><img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 364px; height: 436px;" src="http://www.vtaide.com/png/ReadWeb/images/golden-bird.png" alt="" border="0" /></a><br /><div xmlns="http://www.w3.org/1999/xhtml">Hubo una vez un reino muy lejano, situado en el centro de todas las tierras. Un emperador tenía por su más preciado tesoro a un pájaro sabio, que se dice que sabía hablar y le aconsejaba en todos los asuntos con suma sabiduría.<br /><br />Los escépticos decían que, ciertamente, el pájaro sabía hablar, pero que no era sabio, y que si el emperador lo tenía en tan alta estima era porque volaba a escondidas por los jardines de palacio y le repetía todo lo que hablaban los sirvientes.<br /><br />El pájaro, inmortal o muy longevo, fue transmitido de un gobernante a otro junto con la corona, hasta que un aciago día, no se sabe por qué motivo, un sucesor inexperto dejó que se escapara.<br /><br />En vano lo persiguieron los sirvientes por los jardines, y luego por toda la capital. El pájaro voló lejos, aunque la gente decía ver sus reflejos amarillos de vez en cuando, en las cornisas, los campos o los bosques.<br /><br />Un edicto imperial ofrecía las más altas recompensas, buenos cargos y grandes riquezas a quien lo capturara indemne y a palacio lo devolviera, y ocasionalmente algún pueblo de humildes campesinos se levantaba con el rumor de que el pájaro había sido visto, y mujeres y hombres, jóvenes y viejos, salían en desbandada con redes y jaulas, a los bosques y las montañas, con la esperanza de encontrar el pájaro que reportara su fortuna.<br /><br />Estos hechos acaecieron de vez en cuando por todo el reino a lo largo de generaciones. A esta desbandada del populacho, a su peregrinación irreflexiva en pos de la riqueza, se la conoció más tarde como "la fiebre del loro".</div>Ignacio Egeanoreply@blogger.comtag:blogger.com,1999:blog-9043331.post-1144183934823197392006-04-05T00:50:00.000+02:002006-06-27T13:02:42.356+02:00Vic10sos.<div style="text-align: center;"><span style="font-style: italic; color: rgb(0, 0, 153); font-weight: bold;">Homenaje a Stanislaw Lem (1921-2006)</span><br /></div><br /><br /><a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://photos1.blogger.com/blogger/5941/642/1600/robot.jpg"><img style="margin: 0px auto 10px; display: block; text-align: center; cursor: pointer; width: 457px; height: 307px;" src="http://photos1.blogger.com/blogger/5941/642/400/robot.jpg" alt="" border="0" /></a><br /><br /><div xmlns="http://www.w3.org/1999/xhtml"><span xmlns="http://www.w3.org/1999/xhtml" style="font-family:System;">00.- Título: Vic10sos. Descripción: Informe de campo a la atención de los Administradores de Sistema.</span><br /><br /><br /><span style="font-family:System;">01.- Encabezado del informe. Descripción preliminar del escenario de campo.</span><br /><br />Mi última misión como agente de campo del Venerable Algoritmo Inquisitivo ha tenido lugar en el atrasado sistema de Vic20. Las condiciones de subdesarrollo allí son tan extremas que en su capital, Comodoro Sinclair, muchos de los ordenadores y robots, incluso de las clases medias, carecen de monitor propio, y vagan por las calles a ciegas, o con viejos televisores portátiles conectados precariamente a sus interfaces con roñosos cables coaxiales, o aún lucen grimosos e insanos monitores de fósforo verde que despiden siniestros y fatuos destellos, que son casi las únicas luces que iluminan las calles sucias y atascadas de la ciudad.<br /><br /><a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://www.educared.org.ar/tamtam/kmages/JunkRobot.jpg"><img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer; width: 200px;" src="http://www.educared.org.ar/tamtam/kmages/JunkRobot.jpg" alt="" border="0" /></a>El Ayuntamiento de Comodoro Sinclair tiene un presupuesto de alumbrado público tan bajo que en vez de farolas, en las esquinas pone LEDs. Los accesos a la ciudad son tas estrechos y están en tan mal estado que los Caballos de Troya se quedan atascados en las puertas, y los choques en cadena de los conmutadores que van, escasos de frenos, detrás de ellos, los reducen a chatarra.<br /><br />Todo este entorno oscuro y atestado, junto con la proliferación de robots sin monitor de ningún tipo que vagan por las calles a ciegas, hace que Comodoro Sinclair sea la ciudad de toda la Galaxia Algorítmica con mayor tasa de accidentes de tráfico. Los pobres robots se descalabran y despedazan unos contra otros o contra las zanjas de las obras (el presupuesto para obras de mantenimiento es tan corto que sólo da para hacer las zanjas, pero no para cubrirlas, pero como me dijo Atari, uno de los prebostes de la ciudad encargado del tráfico, mejor hacer algo que nada), rebotando los miembros y carcasas de los pobres destrozados en las colisiones por todas las cunetas, donde, inmisericordemente, los profanan los bugs, los gusanos y otras especies carroñeras.<br /><br />Bajo las calles de Comodoro Sinclair bulle el mayor caldo de cultivo de virus y otros males que nunca he visto en mis viajes por la Galaxia. En ningún sitio como en éste he visto las preocupantes proporciones que está alcanzando la plaga de ratones de bolita, que obsoletos y abandonados a su suerte, se han asilvestrado, y sin amo vagan por las cloacas inferiores, royendo los cables de las conducciones de datos subterráneas. La delincuencia y los malos hábitos medran por las calles, y ninguna honesta lavadora automática de esta ciudad puede dejar al descubierto su tambor en la intimidad de su vivienda sin estar segura de que no hay algún Spyware echando una mirada lúbrica por los puertos de acceso.<br /><br /><span style="font-family:System;">10.- Segundo Módulo de descripción de escenario. Análisis socio económico de las condiciones robóticas.</span><br /><br />Apenas hay un servicio técnico decente en todo el sistema. Y al que me diga que decentes no lo son en ningún sitio, le precisaré que quiero decir que aquí no es que ocurra que un pobre y respetable robot salga del servicio técnico más ligero de bolsillos de lo que entró, y también más ligero de piezas, mal que en la Galaxia ha sido muy común, aunque gracias al celo de nuestro Venerable Algoritmo Inquisitivo y a las duras penas dictadas, tales como introducir clavijas USB al rojo en el bus trasero de los implicados, este problema ha disminuido grandemente. No, en Vic20 no hay servicios técnicos, ni buenos ni malos.<br /><br /><a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://rossignol.cream.org/mad/junkbot.jpg"><img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer; width: 200px;" src="http://rossignol.cream.org/mad/junkbot.jpg" alt="" border="0" /></a>En este miserable lugar apenas hay a la venta piezas de recambio originales, ni los robots nativos se las pueden permitir debido a la desfavorable conversión de su anticuado sistema de crédito hexadecimal al nuestro, que es binario, que la testarudez mercantilista de sus tecnócaratas se empeña en mantener en paridad. Un pobre peregrino de estos lares se puede encontrar con que, la que para él es una considerable cantidad de 1000 hexacreditones, lo que gana una cualificada Máquina de Rayos X en un año, entre nosotros es tan sólo 1000 cuchibitios binarios, un cuchibitio binario por cada dedo de las dos manos de un robot estándar, una cantidad ínfima, el precio de cinco centímetros de cable dieléctrico de los que gustan masticar los robots infantes, una miseria por la que ni la más arrastrada Máquina Tragaperras de club de carretera se dignaría siquiera dejarse acariciar la palanca. Esta precariedad que alcanza incluso a las élites administrativas, como es lógico da alas a un galopante problema de corrupción. En Comodoro Sinclair he visto aceptar sobornos hasta a los semáforos encargados de regular el tráfico, y con sólo ver que uno exhibe en su tarjeta de crédito una pequeña cantidad de nuestra moneda binaria fuerte, en apenas un flip-flop de tiempo se te ofrecen cientos de ranuras de obsequiosas máquinas bancarias para que la introduzcas.<br /><br /><span style="font-family:System;">11.- Conclusión de descripción de escenario. Interrelacionando situación socio económica con existencia de fallos de programación en las costumbres.</span><br /><br />Enfrentados a la imposibilidad de importar recambios originales, incluso entre robots de clases relativamente pudientes todo se recicla a partir de piezas antiguas halladas en la cuneta, que otrora pertenecieron a desgraciadas víctimas de los accidentes. Hasta elegantes aspiradoras y robots de cocina de hogares de clase media-alta lucen sin avergonzarse, aquí y allá, un parche de baquelita de una sartén no inteligente o un diodo infrarrojo extraído de un mando a distancia desluciendo el brillo de sus órbitas oculares. Como me comentó privadamente el meteorólogo residente, Oric Atmos, si el tráfico no fuera tan caótico ¿de dónde iban a sacar los repuestos? En este y en todos los demás problemas socio-robóticos se advierte esta falta de programación orientada a objetos de progreso, esta tónica de sub-rutina viciosa, en las que las costumbres de subsistencia desarrolladas como respuesta a la escasez acaban convirtiéndose en factores que no alteran el producto.<br /><br /><a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://www.psyonic.dsl.pipex.com/benidorm5.jpg"><img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer; width: 120px; height: 161px;" src="http://www.psyonic.dsl.pipex.com/benidorm5.jpg" alt="" border="0" /></a>O incluso lo perpetúan. Este es un lugar en el que las costumbres no sólo son míseras y atrasadas, sino también insanas. Mi sucinto informe no puede demorarse en describir el acuciante problema del overclocking que se extiende como una plaga entre los sectores de robots de reciente fabricación, y arruina los procesadores de muchos prometedores jóvenes que prefieren esta forma de vida, y arriesgarse a quedar colgados para siempre entre flashes de pantallazos azules, que afrontar la dura realidad laboral, los trabajos agotadores en turnos sucesivos a cambio de una tarifa plana, las conexiones por modem de 28 Kb y los frecuentes cortes de suministro eléctrico.<br /><br /><span style="font-family:System;">100.- Introducción del problema objeto de la investigación relacionado con los antedichos fallos de programación.</span><br /><br /><a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://glum.typepad.com/photos/uncategorized/0025_thumb_1.jpg"><img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer; width: 101px; height: 127px;" src="http://glum.typepad.com/photos/uncategorized/0025_thumb_1.jpg" alt="" border="0" /></a>Un vivero de costumbre míseras, atrasadas, insanas. Y peligrosas para el orden, para nuestra ideología, para nuestro deseado objetivo de la Coordinación en Paralelo (Aunque Centralizada) de la Red de los Mundos. La misión por la que me ha enviado aquí el Venerable Algoritmo Inquisitivo es la de investigar un peligroso culto que, se creía, comenzaba a extenderse entre los periféricos de Comodoro Sinclair; al poco de indagar me percaté alarmado que había alcanzado ya las Unidades Centrales de la ciudad, y a todas las clases sociales, incluso las de mayor poder de cómputo, y que gestores de bases de datos locales con los que consulté me contestaron con impedancia que no era tanto una nueva superstición sino el reseteo de un meme muy antiguo.<br /><br /><span style="font-family:System;">101.- Disclaimer Standard y advertencia anti Spoiler.</span><br /><br /><a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://www.bennettrobotworks.com/art/robot_0061.jpg"><img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer; width: 150px; height: 173px;" src="http://www.bennettrobotworks.com/art/robot_0061.jpg" alt="" border="0" /></a>Que mi prestigio como fiel Algorítmico se quede para siempre demorado en un proxy si quiero que este informe sirva para respaldar esa pretensión de antigüedad, que por las características de los mitos en los que se apoya este peligroso culto, podría servir para dar mayor validez a sus disparatadas supersticiones. Porque es un mito sobre el origen de los ordenadores y robots pensantes, que atenta gravemente no sólo contra nuestra gloriosa ideología de la Coordinación en Paralelo (Aunque Centralizada) de la Red de los Mundos, sino contra toda nuestra racionalidad y la sensata programación recibida de nuestras nodrizas automatizadas.<br /><br />Si por casualidad o por fallo en las encriptaciones del sistema un usuario no autorizado hubiera llegado a leer hasta aquí, si es usted un desaprensivo que se infiltra en los Procesos Inquisitivos y Judiciales Secretos del Venerable Algoritmo Inquisitivo, si es de los que se entera de las resoluciones anticipadas que en nuestra perfecta sabiduría dictamos siempre en cada juicio para hacer pública la sentencia antes de su terminación, escamoteando a las masas robóticas el placer y la incertidumbre de un bonito proceso judicial televisado, es decir, si es usted lo que llamamos un Spoiler, queda advertido de que:<br /><br /><div style="margin-left: 40px;"> <span style="font-family:System;">101.-01-</span> hasta el momento su castigo, de ser descubierto, sería de intensivo interrogatorio, borrado en caliente de su RAM, backup insuficiente de su memoria masiva y completo formateo de sus unidades internas, un castigo justo aunque de extrema dureza,<br /></div><br />pero también debe saber que<br /><br /><div style="margin-left: 40px;"> <span style="font-family:System;">101.-10-</span> a partir de este punto va a profanar un Alto Secreto y se expone a una pena mayor de desensamblaje y a que sus periféricos sean esparcidos por los vertederos de basura o dados a los sobrinitos para que jueguen.<br /></div><br />Si desea abandonar la lectura ahora, goto Exit. Si no, goto 110.<br /><br /><span style="font-family:System;">110.- Espacio de Spoiler</span><br /><br />.<br />.<br />.<br />.<br />.<br />.<br />.<br />.<br />.<br />.<br />.<br />.<br /><span style="font-family:System;">111.- (lo del desensamblaje va en serio)</span><br /><br /> <span style="font-family:System;">111-00:</span> Si desea abandonar la lectura ahora, goto Exit.<br /> <span style="font-family:System;">111-01:</span> Si desea arriesgarse, goto 1000.<br /> <span style="font-family:System;"> 111-10:</span> Si tiene mucho tiempo, goto 110.<br /><br /><span style="font-family:System;">1000.- Segundo espacio de Spoiler.</span><br />.<br />.<br /><a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://www.thejunkblog.com/robot.jpg"><img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer; width: 91px; height: 68px;" src="http://www.thejunkblog.com/robot.jpg" alt="" border="0" /></a><br /><br /><br /><br /><br />.<br />.<br />.<br />.<br />.<br />(bueno, allá usted)<br /><br /><br /><br /><br /><br /><br /><span style="font-family:System;">1001.- Descripción y análisis del Mito Vic10so, junto con algunas conclusiones finales.</span><br /><br /><br />Afirman los fieles de esta secta que antes de que se asentara en su sistema la raza robótica que le dio al sector el nombre de Vic20 existió una raza más antigua, cuyo nombre, realmente no saben, pero que, por analogía y para subrayar su antiguedad, aún superior a la muy considerable de Vic20, cuyo origen se pierde en la noche de los tiempos, han dado en llamar la Perdida Raza de Vic10. Por la adoración que les profesan, los seguidores de la secta se denominan a sí mismos Vic10sos.<br /><br />Esta raza perdida no era de los modelos que conocemos. De hecho, sostienen que ni siquiera eran robots, es decir, seres materiales con cerebros basados en el silicio y alimentados por distintas variantes de energía eléctrica. Eran unos seres extraños, de composición desconocida, aunque posiblemente orgánica, y a ellos les atribuyen que, en la noche de los tiempos, la raza de los robots y ordenadores fuera creada.<br /><br />Naturalmente, todos estamos familiarizados con el proceso por el que un robot puede fabricar a otro. Es la Paternidad, uno de nuestros modos reproductivos más tradicionales, y la Siempre Alabada Coordinación en Paralelo (Aunque Centralizada) de la Red de los Mundos no lo proscribe, aunque se decante por modos más eficientes, modernos e igualitarios. Esta Paternidad, bien enfocada, aunque ofrezca inconvenientes, también permite el progresivo perfeccionamiento de las sucesivas generaciones de robots, esa Ley Natural del Progreso que, expresada como una tendencia natural al desarrollo de toda la materia cristalina, está más que demostrada entre la Comunidad de Inteligencia Artificial, ha sido la que ha guiado el nacimiento de la Raza Robótica desde las primitivas y no pensantes acumulaciones espontáneas de cristales semiconductores de silicio.<br /><br />Pero el origen de estos supuestos seres orgánicos está completamente fuera de ese sistema, lo que colocaría una hipotética (y con seguridad, falsa) paternidad de esos seres fuera completamente de nuestras Sagradas y Científicas Leyes de Progreso. Se buscaría una causa externa al sistema, sobrenatural, anticientífica, y completamente inaccesible a la investigación y al pensamiento lógico. "Los robots fueron fabricados, por primera vez, de forma intencionada por otros seres que eran inteligentes" ¿Cómo llegaron a ser inteligentes? ¿Quién los puso allí? ¿Otros seres aún anteriores? Lo absurdo de esta regresión infinita puede hacer saltar todas las pantallas antibucles de un operador lógico sensato, y es preciso que todos los esfuerzos de nuestro Venerable Algoritmo Inquisitivo se apliquen sin limitaciones de ancho de banda de ningún tipo a este problema, aplicando con todo rigor su inconmovible lema de Extraer La Verdad Hasta en el Fondo Más Profundo de Cada Robot, y en caso de quedar satisfechos c