Terra Incognita

Una blog de creación literaria, sesgada hacia la Fantasía © Ignacio Egea Rodríguez 2.004


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Donde el odio yace para siempre.


Ha regresado. Ya no puedo soportarlo más. Ha vuelto a maltratarme. Volví tarde, que él dice que es tarde a las diez. Me olió a tabaco; notó que me había maquillado. Me arrojó contra la pared, luego me zarandeó en la cama con una fuerza terrible, entre gritos y amenazas. Por la noche, entró en mi habitación a oscuras y otra vez me hizo eso.

Madre no lo sabía, pero algo sospechaba. Ahora es imposible ocultarlo; yo se lo he admitido. Creímos que nos habíamos librado de él para siempre, pero ahora dice que ha vuelto para quedarse, que no lo podremos echar de aquí. Madre ha traído al cura, para que hable con él. No servirá de nada, no lo entiende. No se da cuenta de que todas aquellas palabras con las que nos castigó tantos años, impureza, penitencia, sacrificio, pecado, eran tan sólo armas arrojadizas, huecas de contenido para él; él, que sólo cree en la crueldad, en el odio, en el dominio.

El Padre Luis empieza su perorata, va a ser inútil: “sal de esta casa, deja en paz a esta inocente...”. “JAMÁS, JAMÁS”, grita él entre insultos y blasfemias, y mientras me hace descoyuntarme en convulsiones y vomitar en la cara del cura, veo que Madre mira de reojo el compartimento secreto entre las dos paredes donde creímos que el Mal yacía enterrado para siempre, hasta que ha sido evidente que está dentro de mí.


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