Terra Incognita

Una blog de creación literaria, sesgada hacia la Fantasía © Ignacio Egea Rodríguez 2.004


La Torre de la Fuerza Permanente.

Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años, y son muy buenos. Pero hay los que luchan toda la vida, esos son los imprescindibles.


Bertold Brecht.




Se alzaba unos cien codos por encima de la llanura, intocada por el tiempo. Las ruinas esparcidas a sus pies casi hasta donde alcanzaba la vista no debían ser de la misma época: el barro cocido no dura tanto. Tal vez una ciudad en los últimos días de las naciones; o un culto posterior a los Grandes Antepasados que construían torres que llegaban hasta el cielo y conocían todos los secretos.


-¿Vas a subir también a esta? No, no hace falta que me preguntes - dijo Ysopet con su habitual buen humor- Siempre lo haces. Bueno, no me importará andar solo un rato por aquí abajo. Haré un par de bocetos para enriquecer mi libro. Pero no tardes, que al atardecer baja la temperatura y querré cena y un buen fuego.

Me despedí de él y comencé la escalada. No es malo Ysopet, tuve suerte al encontrarle. A su servicio he recorrido medio mundo estudiando antiguos restos, trepando a decenas de torres, hurgando en muchos subterráneos, todos con nombres sugerentes en las leyendas: Las cuevas de la Eternidad Suspendida, las Islas del Temible Fulgor, la Ciudad de las Estatuas Parlantes. Ruinas fastuosas algunas, muchas con datos interesantes, todas inútiles para mi búsqueda, al menos hasta ahora. Tras una hora de difícil escalada vi que esta torre no iba a ser mejor: Algunos restos de maquinaria inertes y fragmentadas, víctimas de la Invasión, o de los cazadores de reliquias. Otra peregrinación fallida.


Sentado en la plataforma superior me dejé llevar del cansancio de la escalada, y del desespero de mi misión. Ninguna solución, ningún dato, ninguna arma para invertir una derrota que todo el mundo había ya olvidado. Yo no podía cambiar eso. Nada cambiaría nunca ya. Ysopet me esperaba sobre una gran piedra plana, tal vez los restos de un altar, calentando su diminuto cuerpo de sangre fría al sol rojo del atardecer, esperando pacientemente la cena. La vena de mi cuello mal cicatrizada me escoció al acercarse la hora de mi servicio. Una vez más tuve la tentación de no volver, de lanzarme allí mismo al vacío, de privar a su raza maldita de uno de sus criados, de una de sus monturas, de una sus cabezas de ganado.


La única cabeza que sabía que había habido otros tiempos. La única que estaba dispuesta a seguir buscando la solución. Me levanté y preparé la bajada hacia el llano, hacia mi amo, y di la espalda a aquella Torre de la Fuerza Permanente diciéndome que la única fuerza de ese tipo nace de nunca, nunca, perder la esperanza.


Etiquetas:

0 Responses to “La Torre de la Fuerza Permanente.”

Publicar un comentario



© 2006 Terra Incognita | Blogger Templates by GeckoandFly.
No part of the content or the blog may be reproduced without prior written permission.
Learn how to make money online | First Aid and Health Information at Medical Health