Terra Incognita

Una blog de creación literaria, sesgada hacia la Fantasía © Ignacio Egea Rodríguez 2.004


El sueño... ¿eterno?

"¡Sal, Neville, sal!" - las voces se oyen igual, todas las noches. No les presto la menor atención. A veces se desvanecen sólo por eso; otras, arrecian hasta el tumulto, alguna vez incluso se han transformado en objetos que han golpeado las ventanas. A lo que puede llegar mi necesidad de compañía, que se manifiesta en tales ilusiones.

Nunca les hago caso, porque sé que si lo hiciera estaría irremediablemente perdido. Tal vez ya lo estoy, pero mientras hay vida hay esperanza, y me aferro a ella. La Plaga que afectó a la totalidad de la especie humana por fin me ha alcanzado a mí, y sin duda debo estar como tantos otros millones de víctimas, tendido en una improvisada camilla o en el suelo, sumido en un profundo coma del que tal vez no salga nunca.

Conocí al Dr. Lipsitz al principio de la crisis. Era el mayor experto en el tema, y tuvo el dudoso honor de bautizar a la Plaga con su nombre. Veíamos a los afectados de Lipsismo hundirse en un sueño potencialmente eterno, del que la mayoría sólo salían cuando la muerte les pasaba factura por las innumerables patologías asociadas a una vida tan antinatural como es la de un paciente inconsciente durante años. Lipsitz nunca pudo identificar un elemento común entre los supervivientes. No físico, al menos.

-"Todos los lipsistas que han despertado del coma recuerdan haber soñado con complejos, minuciosos universos oníricos que continuamente reclamaban al durmiente la aceptación de que eran reales. Todos refieren haber tenido sueños lúcidos, haber mantenido siempre la conciencia de que dormían. ¿Puede ser ésa la clave, Sr. Neville? Tal vez la gente que se comporta así salga del coma por sus propios medios; tal vez sea nuestra única esperanza ahora que todo lo demás ha fracasado ¿Pero cómo puedo transmitir instrucciones a la poca población que aún queda en pie sobre unos principios tan anticientíficos, tan... tan esotéricos? ¿Puede un método así ser útil?"

Pobre Lipsitz; aún ignoro si su método era o no útil, si él, cuando llegó su turno, intentó aplicarlo. No lo vi despertar del coma. Recuerdo haberlo visto caído en un pasillo, uno más entre los millones de víctimas, cuando ya todo el sistema social y económico se había hundido y nadie
podía cuidar y alimentar a los durmientes. Yo fui uno de los últimos, corrí de un lado a otro aterrorizado siendo testigo del mismo fin del final de la Humanidad, y recuerdo las calles silenciosas, llenas de cuerpos entre los que no podías distinguir los vivos de los muertos.

Recuerdo haberme dejado vencer, al fin, por el sueño, y haber caído entre ellos. Recuerdo, o creo recordar, demasiadas cosas. Porque recuerdo haber tenido sueños extraños, pero arrebatadoramente reales, y no haber hecho caso de ellos, y creo recordar haber despertado, a una ciudad de edificios desiertos, y calles llenas de cadáveres, recorridas de noche por supervivientes grotescamente deformados por la plaga en cuerpo y mente.

Seres que me persiguen, que me acechan, que cada noche rodean mi hogar y me exhortan a que salga de mi madriguera, no para hacertme ningún daño, sino para que me una a ellos para tratar de reconstruir el mundo, para investigarme, para hallar la razón de que mi cuerpo no haya sido afectado por la plaga, para hallar una cura, para salvarlos. Gritan, suplican ante mi ventana, toda la noche.

"¡Sal, Neville, sal!"

Pero no puedo estar seguro de haber despertado. Este mundo, esos pobres desgraciados, se me hacen tan irreales como cualquiera otro de los sueños anteriores. Si me presto a colaborar con ellos, si salgo, estaré aceptando este mundo como real, aceptaré que he despertado y que ésta es la vida que me espera. Y puedo estar cayendo en una trampa que me tienden mis sueños.

O tal vez la trampa que me tienden mis sueños sea de otro estilo: esta incapacidad de aceptar un mundo que me disgusta como real, la trampa que me encierra en esta habitación una noche tras otra, entre insomnio, angustia, gritos y golpes en mi puerta. Insomnio, o tal vez delirio ¿Es esto la vigilia o es un sueño? ¿Es esto la vida, o estoy muerto, y mi cuerpo yace entre un millón más en una ciudad abandonada, y éste es mi castigo, o tal vez la prueba de mi juicio? No sé si lo sabré algún día, a veces me sorprende llevar tanto tiempo así. Tal vez ninguna decisión que tome cambie mi destino. Tal vez los que no sobreviven a la enfermedad se pierden en un sueño que para ellos no termina nunca, una percepción onírica infinitamente más larga que las horas o días que su cuerpo pueda mantenerse vivo, ahí fuera, en el mundo real.

Entretanto, me sigo atrincherando por las noches, y procuro pasar las largas horas que me quedan en este mundo de naturaleza incierta escribiendo sobre mí, unas memorias, un largo índice de todo lo que he vivido hasta ahora, ordenado, tan minucioso que me permita recordarlo todo, no dejarme llevar por el olvido de los sueños, para estudiar, sopesar, todos los indicios que me encuentre, y así, tal vez, algún día, alguna de las largas noches en que esas voces que creo oir me asedian, estar seguro de dónde estoy, de qué decisión tomar, porque lo único que veo claro ahora mismo es que si alguna vez sé algo con certeza, ese día seré libre.

"Soy libre" sería entonces un buen título. Mientras tanto, me conformaré con llamar a mis memorias: "Soy lipsista".

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